En el Cookbook Club, la cocina es el punto de partida, pero la amistad es el destino. Ocho mujeres se reúnen cada mes para compartir recetas, libros y, con el tiempo, vínculos que se han vuelto parte esencial de sus vidas.
COOKBOOK CLUB: ENTRE AMIGAS Y RECETAS
Entre recetas, libros y cenas compartidas, el Cookbook Club creó un ritual mensual donde la amistad se cocina a fuego lento.
Donde la mesa se vuelve punto de encuentro (y la amistad se sirve caliente)
Son casi las ocho de la noche y la casa ya huele a cena. En la cocina, los platos empiezan a ocupar sus lugares como si supieran que, antes de ser probados, serán admirados. En la mesa, ocho lugares perfectamente dispuestos anuncian que aquí nada es improvisado, aunque todo fluya con naturalidad. No es solo una cena: es una cita mensual entre amigas.
Donde la mesa se vuelve punto de encuentro (y la amistad se sirve caliente)
Son casi las ocho de la noche y la casa ya huele a cena. En la cocina, los platos empiezan a ocupar sus lugares como si supieran que, antes de ser probados, serán admirados. En la mesa, ocho lugares perfectamente dispuestos anuncian que aquí nada es improvisado, aunque todo fluya con naturalidad. No es solo una cena: es una cita mensual entre amigas.
Así funcionan las reuniones del Cookbook Club, un grupo de ocho mujeres conformado por Adriana Natividad, Alejandra Villasana, Carmina Mery, Iza López, Leyla García, Lucía Fernández, Martha Dainitín y Pilar García, quienes desde marzo de 2025 se reúnen una vez al mes con un pretexto claro: cocinar a partir de libros de recetas. Y con un resultado que hoy tiene nombre propio: amistad.
“La mesa siempre ha sido un lugar de encuentro para poder disfrutar de largas pláticas y sabores”, dice Martha Dainitín. “Empezamos el Cookbook Club siendo conocidas y ahora podemos llamarnos amigas”.
Así funcionan las reuniones del Cookbook Club, un grupo de ocho mujeres conformado por Adriana Natividad, Alejandra Villasana, Carmina Mery, Iza López, Leyla García, Lucía Fernández, Martha Dainitín y Pilar García, quienes desde marzo de 2025 se reúnen una vez al mes con un pretexto claro: cocinar a partir de libros de recetas. Y con un resultado que hoy tiene nombre propio: amistad.
“La mesa siempre ha sido un lugar de encuentro para poder disfrutar de largas pláticas y sabores”, dice Martha Dainitín. “Empezamos el Cookbook Club siendo conocidas y ahora podemos llamarnos amigas”.
Recetas compartidas, lazos que crecen
La idea original era sencilla: compartir recetarios que les gustaban, esos libros que muchas veces se hojean más de lo que se cocinan. “El Cookbook Club nació de la idea de compartir recetarios que no hubiéramos probado o que teníamos intención de comprar”, explica Martha. Buscaron a otras personas con el mismo gusto y decidieron llevar las recetas a la práctica, pero también compartir la mesa, el tiempo y la conversación.
Al inicio, las reuniones eran más espontáneas, casi aleatorias. Cada quien llegaba con su platillo y la charla giraba alrededor de ingredientes complicados o tiempos de cocción. “Normalmente comenzamos las cenas platicando cómo nos fue a cada quien con sus platillos”, cuenta Martha. Con el paso de los meses, esas conversaciones técnicas se transformaron en algo más íntimo: historias personales, risas largas y una confianza que se fue cocinando a fuego lento.
Recetas compartidas, lazos que crecen
La idea original era sencilla: compartir recetarios que les gustaban, esos libros que muchas veces se hojean más de lo que se cocinan. “El Cookbook Club nació de la idea de compartir recetarios que no hubiéramos probado o que teníamos intención de comprar”, explica Martha. Buscaron a otras personas con el mismo gusto y decidieron llevar las recetas a la práctica, pero también compartir la mesa, el tiempo y la conversación.
Al inicio, las reuniones eran más espontáneas, casi aleatorias. Cada quien llegaba con su platillo y la charla giraba alrededor de ingredientes complicados o tiempos de cocción. “Normalmente comenzamos las cenas platicando cómo nos fue a cada quien con sus platillos”, cuenta Martha. Con el paso de los meses, esas conversaciones técnicas se transformaron en algo más íntimo: historias personales, risas largas y una confianza que se fue cocinando a fuego lento.
Hoy, el grupo es también un espacio donde se comparten comidas del día a día, restaurantes que descubrieron, ideas para montar una mesa o incluso consejos que no siempre tienen que ver con la cocina. “Se ha vuelto un espacio de apoyo”, dice Martha. Un lugar seguro donde la amistad se cultiva con la misma atención que una buena receta.
Una mesa, ocho amigas
El club está dividido en dos equipos y cada mes una casa se convierte en el punto de encuentro. La rotación de espacios fortalece el sentido de grupo: cada anfitriona recibe desde su estilo, su forma de cuidar y de compartir. En la reunión de enero, la anfitriona fue Carmina Mery, quien preparó una mesa en tonos tierra, con velas, candelabros y pequeños detalles —como betabeles integrados a la decoración— que hablaban de dedicación y cariño.
Hoy, el grupo es también un espacio donde se comparten comidas del día a día, restaurantes que descubrieron, ideas para montar una mesa o incluso consejos que no siempre tienen que ver con la cocina. “Se ha vuelto un espacio de apoyo”, dice Martha. Un lugar seguro donde la amistad se cultiva con la misma atención que una buena receta.
Una mesa, ocho amigas
El club está dividido en dos equipos y cada mes una casa se convierte en el punto de encuentro. La rotación de espacios fortalece el sentido de grupo: cada anfitriona recibe desde su estilo, su forma de cuidar y de compartir. En la reunión de enero, la anfitriona fue Carmina Mery, quien preparó una mesa en tonos tierra, con velas, candelabros y pequeños detalles —como betabeles integrados a la decoración— que hablaban de dedicación y cariño.
Al fondo, una chimenea encendida hacía el ambiente más cálido. En cada lugar, un menú impreso detallaba el recorrido de la noche: Crostini de manzana, brie y prosciutto; Tartaletas de feta con cebolla caramelizada y miel; Ensalada de col rizada con aderezo lima-tahini; Pollo entero rostizado con sumac, vegetales y labne de ajonjolí; Coliflor rostizada con ralladura de lima, perejil, alcaparras y jalapeño, y Pastel de chocolate con aceite de oliva como cierre. Cada platillo, una aportación; cada receta, un gesto compartido.
Al fondo, una chimenea encendida hacía el ambiente más cálido. En cada lugar, un menú impreso detallaba el recorrido de la noche: Crostini de manzana, brie y prosciutto; Tartaletas de feta con cebolla caramelizada y miel; Ensalada de col rizada con aderezo lima-tahini; Pollo entero rostizado con sumac, vegetales y labne de ajonjolí; Coliflor rostizada con ralladura de lima, perejil, alcaparras y jalapeño, y Pastel de chocolate con aceite de oliva como cierre. Cada platillo, una aportación; cada receta, un gesto compartido.
Mientras unas terminan de emplatar y otras dan los últimos retoques, se abre un vino tinto. Hay copas para todas, aunque no todas beben. Algunas prefieren agua o refresco. Lo importante no es qué hay en el vaso, sino la conversación que fluye alrededor de la mesa.
Mientras unas terminan de emplatar y otras dan los últimos retoques, se abre un vino tinto. Hay copas para todas, aunque no todas beben. Algunas prefieren agua o refresco. Lo importante no es qué hay en el vaso, sino la conversación que fluye alrededor de la mesa.
Amistad a fuego lento
“La cocina es el principal motivo de reunión, pero ya no solo lo vemos como una reunión mensual”, reflexiona Martha. “Es un espacio donde la creatividad fluye en la cocina y en el montaje de la mesa, y donde hemos formado un vínculo de amistad que nos ha permitido apoyarnos en nuestros proyectos personales”.
Amistad a fuego lento
“La cocina es el principal motivo de reunión, pero ya no solo lo vemos como una reunión mensual”, reflexiona Martha. “Es un espacio donde la creatividad fluye en la cocina y en el montaje de la mesa, y donde hemos formado un vínculo de amistad que nos ha permitido apoyarnos en nuestros proyectos personales”.
Cocinar juntas implica coordinación, confianza y, a veces, improvisación. Cada integrante aporta algo distinto: creatividad, organización, conocimiento culinario. “Nos complementamos muy bien”, dice Martha. Y eso se nota tanto en los platillos como en la complicidad que se respira en cada encuentro.
Cocinar juntas implica coordinación, confianza y, a veces, improvisación. Cada integrante aporta algo distinto: creatividad, organización, conocimiento culinario. “Nos complementamos muy bien”, dice Martha. Y eso se nota tanto en los platillos como en la complicidad que se respira en cada encuentro.
En un mundo que muchas veces va de prisa, el Cookbook Club ha encontrado en la cocina una forma de detenerse, reunirse y celebrar la amistad. Porque al final, más allá de los libros, las recetas o la decoración de la mesa, lo que se comparte aquí es tiempo, escucha y afecto.
En un mundo que muchas veces va de prisa, el Cookbook Club ha encontrado en la cocina una forma de detenerse, reunirse y celebrar la amistad. Porque al final, más allá de los libros, las recetas o la decoración de la mesa, lo que se comparte aquí es tiempo, escucha y afecto.
Y en este Día de la Amistad, queda claro que algunas de las mejores relaciones no nacen de grandes planes, sino de una mesa puesta, una receta abierta y el deseo genuino de compartir.
Y en este Día de la Amistad, queda claro que algunas de las mejores relaciones no nacen de grandes planes, sino de una mesa puesta, una receta abierta y el deseo genuino de compartir.
Cookbook Club
¿Cuál ha sido el platillo más exitoso del club... y el que prefieren no volver a mencionar?
Es difícil escoger un solo platillo, pero de los favoritos fueron una ensalada de burrata y duraznos (“Cook Beautiful”), una tártara de champiñones con aguacate (“Mesa Sana”) y un pay de manzana con queso cheddar (“City Harvest: 100 recipes from great New York Restaurants”).
El que menos nos ha gustado fue un postre de pastel nieve de banoffee.
Cookbook Club
¿Cuál ha sido el platillo más exitoso del club... y el que prefieren no volver a mencionar?
Es difícil escoger un solo platillo, pero de los favoritos fueron una ensalada de burrata y duraznos (“Cook Beautiful”), una tártara de champiñones con aguacate (“Mesa Sana”) y un pay de manzana con queso cheddar (“City Harvest: 100 recipes from great New York Restaurants”).
El que menos nos ha gustado fue un postre de pastel nieve de banoffee.
Si su club tuviera un sabor, ¿sería dulce, salado, picante o una mezcla inesperada?
Sería una mezcla de sabores muy original, que no pensarías que combinan, pero se complementan.
En una palabra: ¿qué no puede faltar en una cena del club además de la comida?
Una mesa decorada, y a veces un drink.
Si su club tuviera un sabor, ¿sería dulce, salado, picante o una mezcla inesperada?
Sería una mezcla de sabores muy original, que no pensarías que combinan, pero se complementan.
En una palabra: ¿qué no puede faltar en una cena del club además de la comida?
Una mesa decorada, y a veces un drink.
De todos los libros de recetas que tienen, ¿cuáles serían su top 3?
1.-“Super Simple”, de Tieghan Gerard.
2.-“Country Comfort”, de Hari Beavis.
3.-“Cook Beautiful”, de Athena Calderone.
De todos los libros de recetas que tienen, ¿cuáles serían su top 3?
1.-“Super Simple”, de Tieghan Gerard.
2.-“Country Comfort”, de Hari Beavis.
3.-“Cook Beautiful”, de Athena Calderone.