Hola a todos.
Comienza febrero y, con él, la celebración del Día del Amor y la Amistad. Para consentir como se debe a la pareja, o a un buen amigo o amiga, pocas cosas funcionan tan bien como compartir un buen vino. Al menos, a mí me parece una excelente idea.
La historia que rodea esta fecha cuenta que Valentín era un fraile que casaba parejas en secreto, ya que el cristianismo estaba prohibido en aquel entonces. Ese acto de rebeldía amorosa es lo que lo convirtió en el santo de los enamorados... y también de esas amistades que, con el tiempo, pueden transformarse en algo más.
En el Día de San Valentín todos salen en busca del regalo perfecto, y no siempre es sencillo. Ahí es donde el vino se convierte en una gran opción. Eso sí, lo primero es conocer los gustos de la persona a la que queremos sorprender, ya sea en la comida o en la bebida.
Conviene tomar en cuenta algunos factores: la edad, si fuma o no, si disfruta de platillos muy condimentados o picantes, entre otros detalles. Todo esto reduce el margen de error al elegir un vino. Por ejemplo, para una persona de entre 45 y 60 años, fumadora y amante de las comidas bien aderezadas, un buen Shiraz de Saltillo, con cuerpo, estructura y una carga tánica marcada, puede ser ideal. En cambio, alguien del mismo rango de edad que no fuma y prefiere platillos ligeros podría disfrutar más de un Nebbiolo o un Malbec.
Si la idea es salir a un buen restaurante y aún no se conocen del todo los gustos de la pareja, una buena alternativa es pedir vino por copeo. Una copa de vino rosado estimula el apetito y aporta un toque de sutileza a la cena: es, de alguna manera, una invitación a comenzar la noche con un aire romántico.
Si el regalo será para compartir en casa, la recomendación es clara: preparen una buena cena juntos. Comiencen con una tabla de quesos y carnes frías acompañada de un vino espumoso suave, como un Cava español, un Prosecco italiano o un Lambrusco blanco de Emilia, de perfil amabile. Después, las opciones son muchas: una pasta con camarones, un pescado al horno con finas hierbas y papas cambray a la crema, un pollo estilo marsala preparado con el mismo vino que se está bebiendo —en este caso, un Merlot o un Tempranillo—, o incluso un filete de res tierno con papas al horno y cebollitas perfumadas en brandy.
Cocinar junto a la persona que se ama es una experiencia especial. Entre copas, risas y anécdotas, la velada avanza sin prisas. Y si algo se quema, no pasa nada: eso también forma parte del recuerdo. Para cerrar la noche, unas fresas con chocolate derretido acompañadas de un buen cava espumoso español pueden ser el broche de oro de una de las noches más memorables del año.
Y mientras me dispongo a preparar una cena para parejas, mejor destapo un vino y lo disfruto con las personas que más quiero.
Hasta la próxima semana.
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