Escribir del Día del Amor y la Amistad es, en realidad, escribir de la vida misma. Porque el amor no es una sola cosa ni se presenta de una única forma; es de muchas formas.El amor cambia, madura, se rompe, se reconstruye y a veces, nos sorprende cuando creemos que ya lo conocemos todo.En la juventud solemos creer que el amor es intenso, infinito e impaciente. Es ese amor que arde, que promete eternidades, que se vive como si nada más importara. Con el tiempo entendemos que no todo amor que quema ilumina, y que muchas veces amar también implica aprender a soltar. El amor evoluciona porque nosotros evolucionamos.A lo largo de la vida conocemos distintos tipos de amor: Está el amor de pareja, que al inicio suele ser idealizado y luego se transforma en complicidad, en acuerdos, en cuidado mutuo. Ya no se trata solo de sentir, sino de elegir todos los días. Ese amor que aprende a dialogar, a perdonar, a crecer juntos o a despedirse con respeto cuando ya no suma.Está también el amor de la amistad, uno de los más honestos y necesarios. Las amigas y los amigos son el refugio donde podemos ser sin máscaras, donde el amor no exige perfección. Es un amor que acompaña, que escucha, que se queda incluso cuando no sabe qué decir. A veces, las amistades duran más que muchas historias románticas y nos recuerdan que amar no siempre es poseer, sino compartir.Y luego llega el amor más desafiante y profundo: el amor hacia los hijos. Un amor que no se parece a ningún otro, porque es entrega total, miedo constante y orgullo infinito. Es un amor que enseña a poner a otro primero sin dejar de aprender, con los años, que también es necesario cuidarse a uno mismo para poder cuidar bien.Pero entre todos estos amores, hay uno que suele quedar en último lugar y casualmente es el más importante: el amor propio. Ese amor que no depende de nadie más. Amarnos a nosotros mismos no es egoísmo, es responsabilidad emocional. Es aprender a tratarnos con la misma paciencia y ternura que ofrecemos a quienes amamos. Es poner límites, reconocernos valiosos, perdonarnos errores y celebrar quiénes somos.El amor propio también evoluciona, al principio cuesta, se confunde con culpa o con miedo a decepcionar, luego entendemos que nadie puede darnos lo que no nos damos primero. Que elegirnos no significa quedarnos solos, sino relacionarnos desde un lugar más sano y verdadero. En este Día del Amor y la Amistad, quizá el mejor regalo no sea una flor ni un mensaje bonito, sino la conciencia de que el amor no es estático; cambia con nosotros, nos transforma y nos enseña. Amar es un proceso, no una meta y mientras sigamos aprendiendo a amar a otros y a nosotros mismos siempre estaremos creciendo.Porque al final, el amor no se trata de encontrar la forma perfecta, sino la forma más honesta de sentir y seguir confiando.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: QUERIDA COMPASIÓN