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/ 5 abril 2026

CENTOLLO A LA PLANCHA, POR FAVOR

Entre antojos, literatura y memoria, el autor recorre sabores imaginados y reales a partir de La Sombra del Viento.

“Me trae un centollo a la plancha, por favor. O si tiene, tal vez al ajo. Gracias.” Esta frase imaginaria ¿dónde pronunciarla en esta ciudad atada a las carnes asadas y al olor del cabrito? Lo bien cierto es: confieso mi ignorancia enciclopédica. No sé nada de todo, en honor a la verdad. ¿Usted sabe lo qué es un “centollo”? Yo no sabía, no lo he probado y se me antoja harto: es un crustáceo/marisco salido de la pluma de Carlos Ruiz Zafón en su portentosa novela, “La Sombra del Viento” de la cual se cumplen en este año el cual ya aprieta, 25 años de su publicación: una maravilla.

Carlos Ruiz Zafón murió a mitad de la pandemia del bacilo chino, aunque no por la mordedura del bicho. Padecía un cáncer de colon el cual lo llevó a la tumba. Y caray, joven, muy joven y en plenitud de facultades creadoras. No podía ir al retrete, una necesidad fisiológica obligada y necesaria. Todo alimento y bebida la cual entra al organismo, debe de salir. Así de sencillo. Así de complicado.

“La Sombra del Viento” es un tour de force por la erudición, el ambiente libresco y el escenario urbano de la Barcelona de la primera mitad del siglo XX, donde habitan bibliófilos enfermos, amores juveniles y maduros, la mismísima presencia infausta de Franco y las tinieblas de la posguerra. Novela libresca, de intrigas, amores y sociedades secretas.

El texto inicia en un amanecer de 1945 en una volátil y ceniza Barcelona. Luego, el desarrollo será vertiginoso, con visos de obra a ratos policial, a ratos erudita. Y si la novela avanza en el tiempo debe tener eso llamado verosimilitud literaria. Es decir, los personajes deben dormir, ir al retrete, bañarse y claro, comer y beber. Los siguientes son algunos renglones sobre comida y bebida rascados en Barcelona, los cuales los he entresacado a vuela pluma...

Tengo entendido que El Ferroll es una ciudad fascinante. Llena de vida. Y el marisco, dicen que es de fábula, especialmente el centollo.

Bea(triz) bebía anís en copa alta, gastaba medias de seda de la Perla Gris y se maquillaba como las vampiresas cinematográficas...” “Fermín Romero de Torres no se perdía una sesión (de cine). Compraba un montón de chocolatinas y se sentaba en la fila diecisiete a devorarlas...

Con su primer sueldo, Fermín Romero de Torres se compró un sombrero peliculero, unos zapatos de lluvia y se empeñó en invitarnos a mi padre y a mí a un plato de rabo de toro, que preparaban los lunes en un restaurante a un par de calles de la Plaza Monumental.

¿Usted ha probado un rabo de toro o las criadillas? Por algún tiempo, esto y no otros eran los platillos estelares en “El Tapanco”, en el centro de Saltillo. Urge releer todo Carlos Ruiz Zafón...

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Jesús R. Cedillo
por Jesús R. Cedillo
Escritor y periodista saltillense. Ha publicado en los principales diarios y revistas de México. Ganador de siete Premios de Periodismo Cultural de la UAdeC en diversos géneros periodísticos.
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