La primavera llega y, con ella, muchos sentimientos. Una ola de aromas, colores, naturaleza y vida.
Es momento de salir, observar, actuar y amar; de sentirnos vivos, de florecer y disfrutar las tardes cálidas, sin dejar de lado las noches aún frescas. También de vestir más ligero, con tonos suaves.
Las terrazas cobran vida y se llenan de gente. Vuelven las risas de los niños en parques y calles, y el gusto por salir a pasear.
Aparecen paisajes llenos de color, cielos más azules y árboles otra vez cubiertos de hojas verdes, como de postal.
La primavera trae recordatorios y aprendizajes. Me quedo aquí un momento, disfrutando la belleza y la sabiduría de la naturaleza; tratando de romantizar los días con acciones que me den bienestar, belleza y paz.
Porque la primavera es eso: una invitación a mostrarnos con más libertad.
No es solo una estación, es un nuevo comienzo. Una oportunidad para sentir, hacer, cambiar, buscar, mostrar, bailar, cantar, brillar y ser.
Ser más, ser mejor, pero sin presión; con la confianza de que todo encuentra su lugar.
La primavera me trae alegría, nostalgia y recuerdos. Me impulsa a avanzar y a guardar, en el corazón, aquello a lo que ya no volveré.
Qué dicha sentir lo que nos trae y hacerlo propio. Son 93 días para compartirlos con quienes queremos y con nosotros mismos.
El pájaro ha venidoa dar la luz:de cada trino suyonace el agua.Y entre agua y luz que el aire desarrollaya está la primavera inaugurada,ya sabe la semilla que ha crecido,la raíz se retrata en la corola,se abren por fin los párpados del polen.Todo lo hizo un pájaro sencillodesde una rama verde.
Pablo Neruda
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