Para frenar controversias, el buen dios organizó el torneo tenístico soñado: una jornada con cuatro de los mejores exponentes en la historia de este deporte; dos vigentes en el circuito hasta hace poco, y los otros dos de antaño. El señor todo lo puede, así que utilizó su magia para reunir a los cuatro en su mejor momento: inventó la máquina del tiempo.
Dejando clara huella de su imperfección, el organizador del todo no pudo dar gusto a cada aficionado y optó por enfrentar, si no a los mejores por aquello de que en gustos se rompen géneros y en discusiones hocicos (y en petates, buenos cueros, decía el Dr. Juan Manuel), sí a los más mediáticos de dos eras: Jimmy Connors y Bjorn Borg por la época de nuestros padres, y Roger Federer con Rafael Nadal representando al tenis actual. Ese dios debe ser griego o romano: agarró puro occidental sin importar la inclusión metiendo algún asiático.
¿Cómo fue posible la teletransportación en tiempo y espacio? ni me lo preguntes, me lo explicaron pero no lo entendí. Basta recordar la película de Terminator para imaginar en qué condiciones llegaron al pasado Federer y Nadal: sin nada; ni equipo, ni ropa, ni joyas, ni siquiera el cepillo de dientes.
Diosito escogió el día y lugar para los partidos: un 28 de diciembre en una cancha de arcilla de lo que fue el deportivo San José. Paréntesis: a que no sabías que los mejores tenistas mexicanos de su tiempo jugaron aquí mero, atrasito de lo que era el rastro de Arteaga. Si sigues este deporte entenderás que el formato utilizado para el evento fue el de Copa Davis: dos equipos, cada jugador tiene un partido contra cada uno de los rivales, y un quinto partido en modalidad dobles.
Resulta que ese lunes de diciembre de 1981, en alguna forma, en alguno de esos multiversos de los que todos hablan mucho pero nadie entiende nada, se enfrentaron dos de los mejores de aquellos años contra dos de los más queridos de hoy. El resultado no pudo ser más sorprendente: Connors y Borg se impusieron en los cuatro partidos de singles, perdiendo solo el de dobles.
La explicación es sencilla: Federer y Nadal no pudieron adecuarse a las raquetas, pelotas, vestimenta y calzado que les proporcionaron para la época. Jugaron con juanetes en sus pies, Rafa jamás pudo sacarse el calzón y pelotearon sin sensibilidad en sus raquetas. Algo curioso que notamos los invitados al evento: a pesar de ser hasta quince años mayores, los veteranos de la era moderna lucían más jóvenes, atléticos y sanos que sus competidores. El partido de parejas fue rescatado por los contemporáneos al tener mejor vista y reflejos para ganar en la red. Olvídate por favor de los tecnicismos, no importan mucho.
Para pagar la visita, el buen dios tiene que traer al Connors y al Borg de hace casi cincuenta años, sin raquetas, sin pelotas ni agregados; con sus piernitas de hilo, sin formación psicológica ni ciencia en su entrenamiento, sin dietas para deportistas de alto nivel. ¿Quién ganará este torneo? Ya imagino la masacre.
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