Hola a todos. Es un día especial para la grey católica, un momento para hacer una pausa, reflexionar y poner en orden los pensamientos.
Aprovechando este receso, con una copa de vino en mano, me di a la tarea de investigar qué tipo de vino pudo haberse bebido en la última cena. Como sabemos, el evangelio lo menciona como la “sangre de Cristo”.
Tras consultar con sacerdotes, historiadores y expertos en vino, hay coincidencia en que la uva syrah era de las más comunes en la región, debido al clima semiárido y caluroso. En Palestina predominaba el vino tinto, como también lo sugieren varios pasajes bíblicos.
En aquella época, las vides se cultivaban en terrazas en laderas. Tras la cosecha, las uvas se guardaban en espacios donde se les aplicaba humo para darles un ligero sabor ahumado. Luego se fermentaban al sol, pisando los granos, y en algunos casos se añadían miel, especias o hierbas. El vino se almacenaba en odres o pieles, mientras que los de mejor calidad se afinaban en tinajas.
Ese tipo de vino era el que se utilizaba en celebraciones religiosas, como la Pascua. Por eso, es probable que en la última cena se haya servido un vino de esas características.
A mi entender, habría sido un vino con cuerpo, algo añejado y con alta graduación alcohólica. Difícil de comparar con los vinos actuales, tanto por sus procesos como por las condiciones de la época. Incluso, es probable que hoy no resultara agradable al paladar.
Ya en nuestros días, una copa de syrah con notas especiadas puede ser una buena elección para acompañar esta temporada. Va bien con pescados a las finas hierbas o platillos con condimentos ligeros.
Que tengan buenas vacaciones, disfruten en familia y, si se da la ocasión, acompañen el momento con una buena copa de vino.
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