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/ 26 abril 2026

¿SOY OVOLACTOVEGETARIANO U OVOVEGETARIANO?

Entre ironía, exceso y contradicción, el autor cuestiona las etiquetas alimenticias y pone sobre la mesa una idea simple: comer también es una forma de vivir.

Agradezco todos sus comentarios y apostillas. Planto mi estandarte de batalla: no soy doctor, no soy nutriólogo, y mucho menos soy un tipo sano. Tengo 61 años sobre la tierra con mi vida muy raspada. De hecho, nada más soy tres cosas: un humano que ha vivido su vida, un lector y un escritor. Nada más, pero nada menos.

¿Usted entendió el título de esta puta columna? Imagino no, y se dice en buen lenguaje, está de la chingada. No se me asuste mi lector, los dos términos están aceptados por la Real Academia de la Lengua Española y son de uso tan común que los diarios se han quedado atrás en utilizarlos. Puta (página 1269 de la edición vigésima segunda). Chingada o chingar (página 269 de la misma edición).

Entramos en materia: ¿Qué es ser ovolacotovegetariano u ovovegetariano? La verdad, al día de escribir este texto, no lo sé de cierto. Lo supongo. Se ha provocado buena y harta polémica por mis anteriores colaboraciones donde a vuela pluma he abordado a los vegetarianos (su servidor los tildó como herbívoros) y por contraste, a los carnívoros. Como yo. Pero la verdad estoy a la mitad de la tabla y ni sé cómo se llama a lo que yo hago, pero es intrascendente.

Una buena y gran amiga, nutrióloga ella, a la cual aquí la vamos a bautizar como la bella doctora “Lechuga con Tomates y Brócoli”, me invitó a merendar y ella y nadie más, divertida y seria (no hay contradicción de por medio) me dijo: “¡Ay! maestro Cedillo, sus textos sobre el vegetarianismo, la carne, la proteína y sus pésimos gustos al alimentarse y beber, me han encantado. Parte tienes razón... casi en todo. Mira, cuando llegan pacientes y me preguntan, les recomiendo con receta: bien, pruebe usted ser vegetariano tres días a la semana. Aquí está su norma, pero primero vaya con su médico particular, aunque yo haya hecho mi análisis de usted...”

Le pregunto a la nutrióloga, intrigado: “Oiga y luego. ¿Qué pasa?” A lo cual al reír, me dice de un solo jalón en la tertulia con vino tinto, una tabla de quesos y un buen corte de carne: “Jaja, ay maestro Cedillo, 98% de esos pacientes ya no vuelven. Mira, eres duro y bravo, pero es la verdad: para tener la proteína que dices, un vegano necesita comerse un bosque entero, cuando lo logras con un buen corte. Y así funciona tu cuerpo...”

Final de antología: ¿qué es ser vegano, vegetariano, ovovegetariano, lactovegetariano, ovolavtovegetariano...? ¡Ay diosito! ¿No sería mejor nada más vivir, comer y disfrutar los placeres de la vida? Y claro, morir. Puf.

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Jesús R. Cedillo
por Jesús R. Cedillo
Escritor y periodista saltillense. Ha publicado en los principales diarios y revistas de México. Ganador de siete Premios de Periodismo Cultural de la UAdeC en diversos géneros periodísticos.
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