Antes de la hora marcada, la historia ya se contaba fuera del Estadio Francisco I. Madero. Las puertas abrirían a las 5:30 de la tarde para el Opening Day, pero la afición de los Saraperos de Saltillo llegó mucho antes. Nadie quería perderse el regreso.
Las calles se tiñeron de verde. Jerseys de distintas épocas, gorras gastadas y otras nuevas, familias y grupos de amigos avanzando hacia el mismo punto. No era solo un juego; era volver.
El ambiente arrancó desde temprano. Música, comida y actividades mantuvieron el ritmo de la espera. Aunque la ceremonia estaba prevista para las 7:30 y el playball a las 8:00, el espectáculo ya estaba en marcha.
Dentro del parque, las mascotas —El Pollo Criollo, Kike Conejo y El Dragón del Norte— encendieron el ánimo. Después vino la presentación de los Toros de Tijuana, recibidos con respeto. Era el preludio.
Cuando apareció Saraperos, el estadio cambió. Luces, música, animadoras y pirotecnia acompañaron cada nombre. La ovación creció con el manager Mendy López. La Nave Verde estaba de vuelta.
El protocolo marcó una pausa. Honores a la bandera y el himno nacional, interpretado por Alejandra López, reunieron al estadio en una sola voz. Luego, Orlando Sánchez lanzó la primera bola a Daniel Sánchez, un gesto que unió pasado y presente.
Con casa llena, el cielo se iluminó con drones y pirotecnia. En pantallas, la memoria. En gradas, la Porra Verde.
La cuenta regresiva se escuchó en todo el estadio: tres, dos, uno.
Playball.
Así comenzó la temporada. Más allá del resultado, algo quedó claro: la pasión sigue intacta en Saltillo.
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