Domingo: usted y yo vamos a continuar recorriendo y repasando las hierbas que forman parte de nuestro ADN y sí, le dan vida y sabor a esto llamado vida. Insisto, usted y yo lo hemos pulido en anteriores entregas: si hay venenos y hierbas las cuales matan y llevan a la tumba, hay otras las cuales curan todo mal.
Nos levantan de la cama y literalmente, nos hacen levitar. ¿A usted por dónde le llega el amor de la comida señor lector? ¿Por el olfato, por la cuestión visual, por el oído, el crepitar de una buena carne en el asador o de plano, el amor solo le llega por el sabor de los alimentos? A mi y en lo personal sin duda, por el olfato.
Y si es cuestión de olisquear, no hay nada como buenas hierbas de olor para cocinar y paladear, como la hierba real conocida por usted y su servidor como la albahaca. La albahaca es una planta existente de más de 4 mil años de antigüedad, dicen los acreditados. Su nombre es de origen árabe, pero su nombre científico es “Ocimum basiliicum”, lo cual deriva de un vocablo griego que es “basiliskós”, en traducción directa al cristiano es “rey”, en diminutivo.
Pero... esta planta harto olorosa y enigmática es un cúmulo de contradicciones: para los habitantes de la India es una planta sagrada, pero, para los griegos en la antigüedad simbolizaba la pobreza y el infortunio. Plinio, el viejo, en su “Historia Natural”, inconseguible hoy en día, recomendaba a los campesinos maldecirla el sembrarla. En una buena parte de Europa se creía que entre esta hierba y los alacranes existía una relación diabólica. Es decir, debido a la superstición (la cual es ubicua y aún hoy), se creía lo siguiente: si alguien la olía demasiado, le nacían alacranes en el cerebro y si la sembraban, dichos alacranes crecerían bajo tierra.
Para fortuna de todos, lo anterior ha cambiado: la albahaca se ha vuelto imprescindible en la cocina italiana: adorna las inefables pizzas, alegra las salsas de tomate, acompaña al queso mozzarella y desde la antigüedad romana, Apicio, el gastrónomo por antonomasia, habla de un plato estrella: “chícharos con puerros en salsa de albahaca al vino blanco.”
En Francia, la albahaca es el ingrediente clave de la “soupe au pistou”, las chuletas de carnero y la sopa de tortuga. Yo en lo particular me conformo con lo siguiente: una buena pasta corta, bien hecha, a la albahaca (al pesto, pues) y mi copa de vino tinto a un lado, Chianti, por supuesto.
¡Salud y provecho!
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