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/ 1 marzo 2026

GRIZELDA TAMEZ: VIDA Y COLOR

Más de 90 años de pasión, disciplina y amor por Saltillo sostienen la obra de una artista que no deja de crear.

Llegó a Saltillo en 1966 y encontró algo más que una ciudad: encontró su lugar en el mundo. Grizelda Tamez nació en Hidalgo, Tamaulipas, pero su historia artística se escribió en Coahuila. Aquí formó su familia, aquí consolidó su vocación y aquí construyó una trayectoria que supera las 500 exposiciones colectivas y cerca de 80 individuales. A sus más de 90 años continúa activa, produciendo obras, tomando talleres y preparando nuevas exposiciones.

Saltillo no solo fue escenario, fue impulso. Recién instalada, ya casada y con dos hijos pequeños, decidió ingresar a la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Autónoma de Coahuila. Venía de estudiar Decoración de Interiores en el IDI de la Ciudad de México y restauración en la escuela Paul Coremans, pero sentía que aún faltaba algo. Ese algo era pintura.

$!En su taller, el color es disciplina y emoción.

Disciplina antes que inspiración

Recuerda la escuela como una pequeña casona detrás de Rectoría, con apenas dos salones y 14 alumnos. Ahí comenzó una formación estricta. Durante dos años dibujó sin tocar un pincel. Sus maestras, Luchita Ruiz y Elena Huerta, no cedían. “No estás preparada”, le repetían. Y ella obedecía.

Esa disciplina marcaría toda su vida. Más tarde tomaría talleres con maestros como Rufino Tamayo, Guillermo Olvera Arce y Helena Huerta. De Tamayo guarda no solo enseñanzas técnicas, sino una ética: trabajar ocho horas diarias y mantener la humildad. “La fama no es lo que hace al ser humano”, les decía el maestro. Esa frase la acompañó siempre.

Su carácter perseverante también tuvo que imponerse en casa. De joven quiso estudiar artes en Monterrey, pero su padre se opuso. Intentó leyes y también recibió negativa. Años después, ya adulta, decidió irse a estudiar a la Ciudad de México aun con la desaprobación paterna. Fue la primera vez que desobedeció. Esa decisión cambió su vida.

El color como lenguaje

Si algo distingue su obra es el color. En el IDI participó en un ejercicio de teoría cromática donde logró 345 combinaciones limpias a partir de pigmentos base. Fue el primer lugar entre 65 alumnos. Ese reconocimiento no solo fue académico, fue revelador. Descubrió que el color sería su territorio.

Hoy puede mirar un objeto y saber con qué proporción de pigmentos fue construido. Se define como colorista y entiende la pintura como armonía precisa. “Hay gente que ensucia los colores y no se da cuenta”, comenta con franqueza. Para ella, el color no es adorno, es estructura emocional.

$!De lo figurativo al abstracto, una vida de práctica constante.

De lo figurativo a lo abstracto

Antes de abrazar el arte abstracto, pasó años en el dibujo académico y el grabado figurativo. Desnudos, estudios anatómicos, ejercicios rigurosos. “Para llegar a lo abstracto primero hay que saber dibujar”, afirma.

El abstracto la conquistó por su libertad. “Es pura creación. No existe en ningún lado, nada más en tu mente”. Sin embargo, en el grabado conserva una línea más figurativa, quizá como homenaje a su formación clásica.

Durante la pandemia produjo obra principalmente abstracta. El encierro no le pesó; al contrario, el taller siempre ha sido su refugio natural. Pintar y grabar son actos cotidianos.

Trayectoria y reconocimiento

Su obra ha sido premiada en México y el extranjero. Una medalla en Italia confirmó que su trabajo cruzaba fronteras. El Instituto Nacional de Bellas Artes itineró piezas suyas, y coleccionistas de distintas ciudades han adquirido su producción.

En una exposición vendió 32 de 45 obras exhibidas. En otra ocasión, un médico compró siete cuadros en una sola visita. Aunque celebra las ventas, procura mantener su galería nutrida. En la planta alta de su casa resguarda más de 200 piezas, todas disponibles, pero cada una con historia.

Entre ellas destaca “El hombre de la luna”, una xilografía realizada en apenas hora y media mientras su esposo y un amigo la esperaban para cenar. Esa obra obtuvo premios en China, Puerto Rico, Nuevo León y Tamaulipas. Nació casi como impulso y terminó convertida en emblema.

$!Grizelda Tamez, más de nueve décadas creando arte en Saltillo.

Generosidad y legado

Grizelda no solo produce; comparte. Ha impartido clases gratuitas de grabado porque considera que el conocimiento no debe perderse. “El día que me muera, ¿quién va a saber lo que investigué?”, reflexiona.

Sigue tomando talleres en Ecuador, Canadá o donde surja la oportunidad. Para ella, la edad no es límite sino argumento. La constancia, insiste, es la única fórmula real.

Amor por Saltillo

Habla de Saltillo con gratitud profunda. Aquí creció como artista, aquí encontró maestros y alumnos, aquí construyó comunidad. Se declara feliz. Y esa felicidad atraviesa su obra.

Actualmente expone en el Centro Cultural Vito Alessio Robles, y próximamente en el Museo Rubén Herrera y en la Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica de la UANL. Su agenda confirma que el arte no entiende de calendarios biológicos.

A sus más de nueve décadas, Grizelda Tamez sigue levantándose para pintar. Sigue investigando, combinando pigmentos, explorando técnicas. Sigue creyendo que la inspiración nace del trabajo.

Y, sobre todo, sigue enamorada de Saltillo, la ciudad que adoptó como suya y que hoy la reconoce como una de sus creadoras más constantes.

CONOCE SU OBRA

El Centro Cultural Vito Alessio Robles actualmente exhibe “Universo estructurado, entre el realismo y la abstracción”, de Griselda Tamez.

$!Su galería resguarda más de 200 piezas llenas de historia.

ZIGZAG

Si su paleta de colores fuera una comida, ¿cuál sería?

A mí me gusta mucho que la comida tenga colores. Por ejemplo, si hago arroz, lo hago con tres o cuatro verduritas, que no se vea el arroz solo. Hoy hice un guisado de puerco con papas que me gusta mucho.

Le puse bastante tomate y bastante verdura, que se vean colores, esa sería.

¿Y qué color la representa hoy?

El color que más me impresiona es el alizarín, porque ese no se puede hacer, es pura química.

Si su próximo cuadro tuviera poderes, ¿cuáles serían?

Algo que haga a la gente muy feliz, porque yo soy muy feliz. Me gusta hacer las cosas que causen alegría.

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