Hay libros los cuales de tan buenos e importantes, ya no existen o bien, tardamos la vida en conseguirlos y leerlos. Es el caso de “Los alimentos terrenales” del francés André Gide (1869-1951). Libro publicado en su primera edición en 1921, pero escrito en 1897 en francés y posteriormente traducido a todas las lenguas. Los hados de los libros quisieron lo siguiente: acabo de ver y comprar en un bazar dicho libro en Editorial Losada, edición en Argentina.
Pero el plus, el premio es lo siguiente: esta edición también cuenta con la segunda parte del libro, “Y los nuevos alimentos”, texto el cual se le agregó en 1935. Una verdadera joya y belleza de prosa artística. A mata caballo entre la poesía y la prosa, se hace una apología de los sentidos, marinados estos con el alimento espiritual, bíblico; sí, Dios. De hecho, el libro “Los alimentos terrestres” inicia con una cita de “El Corán”, es el sura II, 23. Dice a la letra: He aquí los frutos con que/ nos alimentamos en la tierra.” Pues sí, son los alimentos terrestres.
El maestro Gide nos transporta con su prosa de alto octanaje a cafeterías y bares en varias ciudades del mundo. Habla de granos, semillas, lecherías, establos, frutas del paraíso, destilerías... en fin, eso lo cual no embota los sentidos. Pero ojo, todo ello anclado en algo divino: la presencia ubicua de Dios o del creador o como usted le quiera bautizar o nombrar.
Lea un par de fragmentos al azar, donde el maestro relata sus andanzas en cafés de postín, pero también, en los de poca monta: “¡Oh cafés!, en los que nuestra demencia se prolonga hasta que está muy avanzada la noche; la embriaguez de las bebidas y de las palabras terminaban por adormecernos... En Italia los había que se extendían por las plazas en las noches de estío, y en los que se tomaban buenos helados de limón. En Argelia había uno en el que se fumaba kief y en el que estuve a punto de que me asesinaran...”
Al hablar sobre un frutero (puerta, dice Gide, una puerta a otra dimensión sin duda. La dimensión de los sentidos lo cual ya no valoramos. Nos hemos vuelto ciegos y sin paladar ni olfato para lo bueno, básico, sencillo y complicado: conmovernos ante una pera, una uva, una manzana... ), habla de uvas, peras, almendras y hierbas, sencillas y dolorosas hierbas las cuales “cada fecundación va acompañada de voluptuosidad.”
Tal vez y solo tal vez, algún empresario avispado y con pesos de más, bautice su próximo proyecto como “Cafetería André Gide.” Lo anterior en honor a dos libros portentosos: “Los alimentos terrestres y los nuevos alimentos”, edición argentina de 1979. Así sea.