Hay un momento, silencioso, casi imperceptible, en el que muchas mujeres dejan de nombrarse a sí mismas. Ocurre entre rutinas, pendientes, horarios y cuidados. De pronto, todo gira en torno a ser mamá. Y lo demás queda en pausa.
Pero ser madre no cancela a la mujer, la transforma. En México, los datos lo confirman. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), las mujeres dedican significativamente más tiempo al cuidado y al hogar que los hombres, incluso cuando también trabajan. No es solo una cuestión de agenda, es una realidad que, poco a poco, va desplazando el tiempo personal, el descanso y los proyectos propios.
Y, sin embargo, hay algo que rara vez se dice en voz alta. Volver a ti también es una forma de cuidar. Porque una mujer que se reconoce en sus intereses, en su cuerpo y en su energía, no está restando a su maternidad; está ampliándola. Desde ahí, el bienestar deja de ser un lujo y se convierte en una base.
Hoy, cada vez más especialistas hablan de la importancia del autocuidado no como indulgencia, sino como necesidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo plantea con claridad al referir que el bienestar emocional es clave para la salud integral. Y en el caso de las madres, esto implica algo más profundo que “tener tiempo libre”. Implica recuperar espacios de identidad.