Life Style
/ 30 abril 2026

SER MUJER ADEMÁS DE MAMÁ: RECUERDA SIEMPRE VOLVER A TI

Entre la maternidad y las exigencias diarias, muchas mujeres se dejan en pausa; recuperar el espacio propio no es un lujo, sino parte esencial del bienestar.

Hay un momento, silencioso, casi imperceptible, en el que muchas mujeres dejan de nombrarse a sí mismas. Ocurre entre rutinas, pendientes, horarios y cuidados. De pronto, todo gira en torno a ser mamá. Y lo demás queda en pausa.

Pero ser madre no cancela a la mujer, la transforma. En México, los datos lo confirman. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), las mujeres dedican significativamente más tiempo al cuidado y al hogar que los hombres, incluso cuando también trabajan. No es solo una cuestión de agenda, es una realidad que, poco a poco, va desplazando el tiempo personal, el descanso y los proyectos propios.

Y, sin embargo, hay algo que rara vez se dice en voz alta. Volver a ti también es una forma de cuidar. Porque una mujer que se reconoce en sus intereses, en su cuerpo y en su energía, no está restando a su maternidad; está ampliándola. Desde ahí, el bienestar deja de ser un lujo y se convierte en una base.

Hoy, cada vez más especialistas hablan de la importancia del autocuidado no como indulgencia, sino como necesidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo plantea con claridad al referir que el bienestar emocional es clave para la salud integral. Y en el caso de las madres, esto implica algo más profundo que “tener tiempo libre”. Implica recuperar espacios de identidad.

$!Retomar lo que te gusta abre espacio para reconectar contigo.

¿Qué significa eso en la vida cotidiana? A veces es tan simple, y tan complejo, como volver a hacer algo que te gusta sin culpa. Retomar una conversación que no gira en torno a los hijos. Mover el cuerpo por placer y no solo por rutina. Decir “necesito esto” y sostenerlo.

No se trata de encontrar el equilibrio perfecto, sino de dejar de desaparecer. También implica redefinir la idea de “buena mamá”. Durante años, el estándar ha estado ligado a la entrega total, al sacrificio silencioso. Pero hoy la conversación empieza a cambiar para referir que una buena madre no es la que se anula, sino la que también se cuida, se escucha y se permite ser.

Porque ahí, en ese espacio propio, aunque sea pequeño, se construye algo esencial: un ejemplo.

Ser mujer además de mamá no es una meta lejana. Es una práctica diaria, imperfecta, pero posible. Una decisión constante de no soltarte por completo en el camino de criar a alguien más.

Y quizá, en medio de todo, la pregunta más importante no es cómo hacerlo perfecto, sino por dónde empezar a volver.

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