El burnout materno no siempre se nombra, pero se vive con cansancio, culpa y desconexión. La terapeuta Tamara Robles explica cómo reconocerlo y por qué no se trata de aguantar, sino de cambiar la forma en que se vive la maternidad.
No siempre se nota, no deja huellas visibles, pero pesa en el cuerpo y en la mente. El burnout, ese agotamiento que va más allá del cansancio, ha sido definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un síndrome derivado del estrés crónico no gestionado, marcado por tres señales: agotamiento, distancia emocional y sensación de ineficacia.
Aunque su origen se vincula al trabajo, cada vez más mujeres describen ese mismo desgaste en la maternidad. Cuidar, sostener, organizar, estar disponibles todo el tiempo. Sin pausas reales, sin reconocimiento y sin red.
El burnout materno no siempre se nombra así, pero se vive con cansancio que no se quita durmiendo, irritabilidad, culpa constante, desconexión emocional. Un desgaste que se instala poco a poco y que, si no se atiende, impacta en la salud mental y en el vínculo con los hijos y con la pareja.
Para entender qué está pasando, y cómo evitar que ese desgaste avance, conversamos con Tamara Robles, licenciada en Ciencias para la Familia, terapeuta, conferencista y tallerista internacional con más de 22 años de experiencia.
¿Cómo definirías el burnout materno y en qué se diferencia del cansancio “normal” de la crianza?
Un burnout es, digamos, como un estado que no llega al breakdown. El breakdown es cuando ya hay un colapso.
La OMS habla de agotamiento, desapego y baja eficacia. ¿Cómo se traducen estos síntomas en la maternidad?
En consulta veo muchas mamás inicialmente con un cansancio y algunos cambios físicos. Por ejemplo, este agotamiento físico es sentirse muy cansadas, tener sueño todo el tiempo, que les duela la cabeza, hay manifestaciones en el intestino, mucha colitis, están muy irritables, cualquier cosa las molesta o les cuesta mucho trabajo manejar sus emociones porque con cualquier cosa sienten desbordado el vaso.
Pueden tener dolores de articulaciones en los hombros por el estrés, dificultad en la vista, tener problemas para dormir o al contrario estar durmiendo mucho, y también de repente sensación de hambre ansiosa que no es realmente hambre, es antojo pero no pueden dejar de comer.
¿Cuáles son las señales más comunes, emocionales y físicas que indican que una madre está entrando en burnout?
Es muy importante distinguir que hay agotamiento mental, agotamiento emocional y agotamiento físico. Las madres de familia pueden presentarlo empezando por el físico o por el mental o por el emocional, no importa.
Cuando hablamos de burnout, hablamos de tres aspectos. El cansancio emocional, la despersonalización y la sensación de éxito o de realización.
Es muy importante también, además de distinguir estas tres cosas, tomar en cuenta que hay algo que tiene que ver con un breakdown, que es romperte emocionalmente, sentir que ya no puedes y que puede estar obedeciendo a que hay muchas mamás que tienen neurodivergencia.
Hay mamás autistas, hay mamás con TDA, hay mamás combinadas, hay mamás con dislexia y esto puede hacer que los síntomas del burnout o del breakdown sean distintos.
El burnout materno se manifiesta en cansancio constante, irritabilidad y desconexión emocional, incluso en medio de la rutina diaria. ILUSTRACIÓN: MAGNIFIC
“Cuando uno está en burnout, la culpa aumenta, porque uno siente que no tiene la energía suficiente para rendir”. Tamara Robles, terapeuta.
Muchas mujeres sienten culpa al reconocer que están agotadas. ¿Por qué pasa esto y cómo influye en el desgaste?
Hay mamás que se culpan mucho. Y en la culpa es un “no debí estar enojada”, “reaccioné mal”, “estoy muy irritable”, “me enojo por todo”, “soy la mala del cuento”, “exijo demasiado”, “pero es que si no exijo, entonces tengo que recoger yo, porque los niños no ayudan, etcétera”, o sea, todo este rollo que nos ponemos en la cabeza de autoexigencia combinado con la culpa provoca que estemos gestionando emociones muy fuertes, porque la culpa, que es una emoción muy fuerte en las madres de familia, tiene que ver con el miedo a no ser suficientes.
Necesitamos comprobar que somos suficientes, a nuestra propia mamá, al legado familiar, de todas las mamás que hay en mi familia, yo tengo que demostrar que también puedo y son cuestiones inconscientes, tampoco tan conscientes.
¿Qué factores actuales están detonando más casos de burnout materno?
Un indicador es que hay mamás que tienden a aislarse, es tanta la chamba, es tanta la carga, es un cansancio que ya no tienen ganas de salir, no hacen planes con amigas, tampoco buscan los playdates, aunque sí tienen la culpa y viene una desconexión con los gustos personales, ya no sé si me gusta el café, no sé poner atención en mí y es una desconexión también a nivel personal.
Otra manera de ver la despersonalización es que llegan con el regalito del Día de la Madre y no sientes nada bonito, o sea, te vale.
Por un lado, las redes sociales nos están exigiendo tener cierto tipo de crianza, la crianza positiva en donde ya no sabes si regañas o no regañas, si castigas o no castigas.
Y entonces necesito demostrar que soy buena mamá y para eso necesito que mis hijos se porten bien y que sean respetuosos y que vayan a clases y entonces si no están cumpliendo eso, si no socializan, todo es un indicador de que yo no estoy siendo suficientemente buena.
¿En qué momento una madre debería dejar de “aguantar” y buscar ayuda profesional?
Pienso que la mujer no debe aguantar. Tenemos la idea de que nuestra fuerza está en lo que aguantamos, en lo que cargamos y cambiar esa narrativa va a ser clave porque la vida no se trata de aguantarla, se trata de vivirla y aprovecharla.
Ser mamá no significa si no aguanto significa que soy débil, si no aguanto significa que no amo lo suficiente, si no aguanto significa que la vida me va a comer.
Es que necesitamos tener claro nuestro para qué, para qué estamos haciendo las cosas. Si yo limpio mi casa, tiene que tener un para qué. No es para tenerla limpia ni para que los hijos aprendan, tiene que ver con un también un regalo para uno mismo y un conjunto de para qué es.
Entonces, estoy con la idea de desarrollar colaboración en casa, el fin no es la limpieza, es un fin mayor. Y cambiar la narrativa, que el trabajo mucho es en consulta con las madres de familia, es que se den cuenta que no se trata nada más de demostrar, sino de conquista. Es muy distinto aguantar a conquistarse.
La terapeuta Tamara Robles brinda herramientas para combatir el burnout materno.ILUSTRACIÓN: MAGNIFIC
¿Qué herramientas prácticas pueden ayudar a prevenir o disminuir el burnout en el día a día?
La recomendación de la búsqueda profesional es para que aprendan a tomar perspectiva, para que puedan cambiar las narrativas, para que identifiquen en dónde sienten que se están auto exigiendo demasiado.
Para que transformen sus creencias, para que redefinan el rol que están teniendo, para que aprendan a tener esta perspectiva bonita respecto a la vida. Cuando uno está en burnout necesita ayuda, porque yo noto que una mamá está en burnout cuando le digo, “te sientes cansada”. Y de inmediato se siente vista, validada y derrama una lágrima y entonces es un “efectivamente”.
Vamos a gestionar el cansancio, vamos a ver de dónde viene, dónde están tus creencias, qué está pasando contigo para ver cómo transformamos primero tu perspectiva antes de cambiar la realidad.
Algo que ayuda muchísimo a trabajar el burnout es buscar endorfinas y oxitocina: ejercicio y cariño. Hay que aprender a tener cariño y el ejercicio ayuda muchísimo porque además nos da sensación de conquista, victoria por el esfuerzo, nos desarrolla hábitos, tiene muchos beneficios que finalmente vuelven a ti a decirte: “eres capaz, eres suficiente, vales”.
Otra herramienta práctica puede ser hacer una lista de todo que te ayude a organizarte, porque muchas veces el burnout, cuando eres neurodivergente, es que no puedes organizar el día, tienes que hacer 20 mil cosas, estar al servicio de las necesidades de todos los demás, no has visto tus propias necesidades y no sabes cómo organizar el día.
Herramientas tipo ChatGPT, un Excel o un cuaderno en donde apuntar una agenda, ayuda que el cerebro no se sienta tan cargado y puedas visualizar cómo vas a organizar el día.
Y no todo se trata de eficacia. También pedir ayuda es aumentar tus capacidades, entonces hay que aprender a decir las cosas.
No esperes a que te ayuden, tienes que aprender a pedir ayuda y a darle fuerza a tu voz. Hay que aprender a decir tal cual, es que me ponen jetas, es que me dicen que no. Claro que sí, pero también es parte del desarrollo de la colaboración en casa y pedir ayuda también desarrolla al otro.
¿Cómo pueden las familias o parejas involucrarse de forma real para evitar que este desgaste recaiga solo en la madre?
La mamá tiende a hacer todo al momento y también tiende a agarrar cargas mentales que no le tocan. Por ejemplo, el niño está triste, yo le tengo que quitar la tristeza y no se trata de eso.
Hay que aprender a detectar cuáles son responsabilidades de los hijos, incluso las emocionales y cuáles son de colaboración, no de obediencia. Porque si yo tengo que hacer que mi hijo obedezca, la carga es mía.
Pero el trabajo mental de la mamá es muy importante y lo que se dice a sí misma, su autoexigencia y a veces y muchas veces el hábito de la queja como una manera de victimizarse provoca que el burnout aparezca o se mantenga. Y después tengamos ya un colapso.
La terapia ayuda a que te des cuenta si estás en cabeza de víctima o de héroe y aprendes a transformar tus caminos para darte cuenta que estás en momento de conquista. Y que no todo lo tienes que hacer sola, y de qué manera encuentras tu fuerza sin exigirte de más.