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/ 10 mayo 2026

SER MAMÁ TAMBIÉN ES APRENDER A RECONOCER(NOS)

Cuando se acerca el Día de las Madres, todo se llena de flores, festivales escolares, desayunos especiales y mensajes que hablan de la maternidad como si siempre fuera dulce, perfecta y sencilla.

Y claro que ser mamá tiene momentos hermosos. Hay abrazos que curan cualquier día pesado, risas que se quedan grabadas para siempre y esos instantes pequeños que, sin darte cuenta, terminan convirtiéndose en los recuerdos más valiosos.

Pero si algo he aprendido siendo mamá, es que la maternidad real también está hecha de cansancio, de dudas, de culpa y de días en los que simplemente sentimos que ya no podemos más.

Y creo que es importante decirlo. Porque a veces pareciera que, para ser una “buena mamá”, tenemos que poder con todo. Estar presentes, pacientes, arregladas, organizadas, emocionalmente disponibles y además agradecidas todo el tiempo.

La realidad es otra. Ser mamá muchas veces significa improvisar. Significa equivocarte, pedir perdón, volver a empezar al día siguiente. Significa dar amor incluso en medio del agotamiento. Significa querer hacerlo mejor, aunque no siempre sepamos cómo.

Con los años he entendido que maternar no se trata de hacerlo perfecto. Se trata de estar. De intentarlo. De aprender junto con nuestros hijos.

También he aprendido algo que nos cuesta muchísimo aceptar: las mamás también necesitamos ser cuidadas. Necesitamos descanso sin culpa. Espacios propios. Silencio de vez en cuando. Necesitamos dejar de sentir que pensar en nosotras es egoísmo, cuando en realidad también es una forma de amor hacia nuestra familia.

Porque una mamá que se escucha, que se atiende y que se permite respirar, también está enseñando. Está enseñando que el amor no tendría que vivirse desde el sacrificio absoluto.

Este Día de las Madres, más allá de los regalos o las fotos bonitas, me gustaría que recordáramos algo importante: estamos haciendo mucho más de lo que a veces alcanzamos a reconocer.

A todas las mamás que hoy sienten que van “a medias”, que dudan, que se cansan, que a veces quisieran cinco minutos de silencio y al mismo tiempo no cambiarían este amor por nada: lo están haciendo bien.

Tal vez celebrar la maternidad también debería significar eso. Reconocernos. Abrazarnos en nuestra versión real. Y darnos crédito por todo lo que hacemos, incluso por aquello que nadie ve.

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