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/ 31 mayo 2026

FRUTAS PARA EL VERANO (ETERNO)

Entre poesía, gastronomía y deseo, la columna reflexiona sobre los placeres cotidianos que dan sabor a la vida.

Agradezco de corazón, palabra y pensamiento su lectura. Varios textos y temas han causado buena acogida y se me ha pedido el volver a ellos. Lectores como usted el cual me favorece con su atención, me han aportado datos, experiencias, citas literarias, bíblicas, lugares y restaurantes con miras a disfrutar eso llamado vida y dentro de la vida claro, la gastronomía, la literatura y el cine; los buenos vinos.

Muchos letrados también, recuerdan textos cuando he puesto el acento en un motivo: cuando los poetas, los literatos y todos nosotros y en la vida cotidiana, hacemos comparaciones, elaboramos metáforas al elogiar los labios, los pechos, las piernas y caderas de la mujer amada (usted si es mujer, del hombre amado) con los frutos dulces, sencillos y bellos de la tierra. Y esto usted lo sabe lector, forma parte de nuestro ADN desde el origen mismo de la humanidad.

Un galán atento e inteligente sigue ganando el terreno al considerado “carita.” Por ello, lo más importante es el flirteo amoroso y luego, la charla cuando uno termina de hacer el amor. Aquí y no en otro lugar es cuando las féminas se derriten y son gatas en celo y ronronean en el oído de uno: “si te quiero...” En este tórrido y largo verano (siempre es verano ya, no hay otra estación climatológica), frutas como mujeres.

Sexo como frutas en bandeja. La canícula es nuestro estado demencial ya perpetuo. La canícula es eterna, larga, ardiente, pegajosa. Hoy hace más calor aquí y no en los versos del tabasqueño Carlos Pellicer. Este nos deletrea: “Como amenaza lluvia/ se ha vuelto morena la tarde que era rubia.” Ni lluvia ni “fresco”, como decían nuestras madres en las tardes más altas. De visita en Holanda, Pellicer se rinde y depone armas ante... la mesa y banquete en un restaurante: “La mesa es imponente/ como un monumento a los héroes/ de cualquier nacionalidad.”

¿Qué es un pescado? En voz del poeta Pellicer, es un “brillante caballero medieval.” Las frutas son “deslumbrantes dignas de corbata.” ¿A qué sabe el agua de los cántaros? “sabe a pájaros.” Y ojo, solo hemos leído aquí algunos versos aleatorios de Carlos Pellicer. Para el eternamente desgraciado Miguel Hernández este nos recuerda del corazón, el cual es “una naranja helada/ con un dentro sin luz de dulce miera.”

Adán, triste varón, no fue expulsado del paraíso por deleitarse con los pechos primigenios y puntiagudos, claves del alfabeto, de Eva... Adán fue expulsado por comer del fruto prohibido. Ponga aquí lector, su fruta preferida. No la manzana en mi caso, sino la papaya o el mango. Un festín interminable.

Jesús R. Cedillo
por Jesús R. Cedillo
Escritor y periodista saltillense. Ha publicado en los principales diarios y revistas de México. Ganador de siete Premios de Periodismo Cultural de la UAdeC en diversos géneros periodísticos.
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