SALPICÓN

Comida y bebida en México en la primera mitad del siglo XX (1 de 2)

Escribir una novela (o cuento) de corte histórico tiene sus buenos bemoles. Es necesaria una investigación exhaustiva de los años a retratar. Y claro, luego de eso, usar los datos de la mejor manera para hacer luego con ellos eso llamado ficción. Ficción con germen histórico.

Repasar la vida cotidiana de los aztecas o mayas es trabajo ingente y acaso, imposible. Novelar algunos episodios y acaso, sólo años de la Primera Guerra Mundial o la Segunda con las atrocidades de Adolf Hitler requiere de una sola cosa: riñones. Riñones de acero para leer y leer folios que serán la materia prima de la trama o tema a novelar y convertir en ficción (rápido viene a la memoria un libro reciente que terminó en película, “El niño con el pijama a rayas”).

El anterior, corto y seco liminar viene a cuento para contextualizar el texto que aquí vamos a comentar someramente en par de apretadas columnas. Es el libro, el más reciente de uno de los mejores narradores mexicanos, acaso el más dotado, Enrique Serna (Ciudad de México 1959), quien con su obra “El vendedor de silencios”, se ha convertido en un fenómeno de ventas nacional.

Su texto está colocado en la lista de los más vendidos y celebrados en cualquier librería o tienda departamental que ofrezca libros en sus anaqueles. El tema de su novela de tipo o corte histórico es uno apasionante: la biografía del periodista Carlos Denegri, el tipo más influyente en el diarismo nacional (cuando dicho periodismo si tenía alcance nacional).

Este sí, hombre del cuatro poder. Serna realizó una fabulosa disección de semejante espécimen de la fauna no sólo del periodismo, sino hombre perteneciente a los vericuetos del poder y sus entresijos y urdimbre más secreta e íntima.

El libro lo voy abordar y reseñar en la otra columna con la cual usted y yo nos encontramos en este diario, en “Contraesquina”; pero hoy y con el enfoque de esta cita semanal, nos detendremos en su arista gastronómica. Al hablar del periodista Denegri,  Enrique Serna reconstruye los lustros, los años de México en los periodos presidenciales de Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán, Gustavo Díaz Ordaz y viene el apagón de su estrella y poder, bajo el mandato de Luis Echeverría Álvarez como Presidente de México.

Es decir, la primera mitad del siglo XX mexicano. Bien, ¿pero qué se comía en ese entonces, dónde se comía, cuáles eran los lugares de moda, los clubs nocturnos de renombre, los clubs llamados de “rompe y rasga”; los restaurantes de más categoría donde se acostumbra reunir la clase política, empresarial y periodística del Distrito Federal, aquella clase que se bajó el caballo de la revolución y se subió al Cadillac de la transformación mexicana que aún hoy, no termina? Esto y no otra cosa es lo que aquí abordaremos.

De entrada, como aperitivo van dos o tres citas de la novela de Serna, que por la demás, la recomiendo ampliamente.

“Quedaron de verse en próxima visita a Washington (Denegri) y Pearson le prometió recibirlo con una botella de Chivas Regal…” página 35. “El primer whisky apenas le había aflojado los nudos de la conciencia. Empezaba a sorber el segundo, el trago liberador, el de la divina insensatez, cuando lo sorprendió desagradablemente la llegada de Concetta Leone…” Página 43.

 

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Jesus R. Cedillo

Escritor y periodista saltillense. Ha publicado en los principales diarios y revistas de México. Ganador de siete premios de periodismo cultural de la UAdeC en diversos géneros periodísticos.

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