LA CANDELARIA, UNA TRADICIÓN QUE PERDURA

Más allá de los tamales y el atole, el Día de la Candelaria mezcla costumbres religiosas y prehispánicas para cerrar las fiestas.

Más allá de los tamales y el atole, el Día de la Candelaria mezcla costumbres religiosas y prehispánicas para cerrar las fiestas.

90 por ciento de los mexicanos celebran con tamales y tan solo en la Ciudad de México se gastan más de 26.4 millones de pesos.

Herencia cristiana

Esta festividad se originó en el oriente, durante los primeros años del cristianismo. Conmemora la visita de la virgen María al templo 40 días después de Navidad para ser purificada y dar gracias a Dios por el nacimiento de Jesús.

En el siglo VI la fiesta pasó a occidente y se le nombró Día de la Candelaria por las velas (o candelas) que se usaban para representar la luz que llegó al mundo y los corazones de los hombres con la llegada del mesías.

El sociólogo e historiador Arturo Cardoso señala que las velas son una herencia de una tradición judía del libro Vaikrá. De acuerdo con ella, las mujeres deben purificarse y dar gracias a Dios tras el parto con una paloma, pero luego se sustituyó por una vela.

Esta fecha también se une con el Día de los Reyes Magos, pues quien encuentra la figura del Niño Dios en la rosca se convierte en su padrino y deberá invitar los tamales y el atole.

Más allá de los tamales y el atole, el Día de la Candelaria mezcla costumbres religiosas y prehispánicas para cerrar las fiestas.

Raíces prehispánicas

Las culturas mesoamericanas realizaban las celebraciones a los dioses del agua Tláloc y su hermana Chalchiuhtlicue el 2 de febrero. En ellas se hacían sacrificios y se bendecía el maíz que se usaría en la temporada de siembra.

Esta tradición permanece hasta nuestros días, pues en comunidades como Coatetelco, Morelos, aún se acostumbra dejar ofrendas de comida en una cueva de un cerro para pedir lluvias.

Gracias a la fiesta Huauhquiltamalqualiztli, que se realizaba durante el decimoctavo y último mes del año Izcalli, el tamal se convirtió en el alimento estrella, pues la gente los preparaba y compartía en esta fecha.

Fray Bernardino de Sahagún cuenta en “Historia General de las Cosas de Nueva España” que el tamal también estaba relacionado con otros festejos en honor a los dioses a lo largo del año.

Más allá de los tamales y el atole, el Día de la Candelaria mezcla costumbres religiosas y prehispánicas para cerrar las fiestas.

Hecho a base de maíz, su nombre proviene del náhuatl “tamalli” y significa envuelto. Sigue siendo uno de los platillos principales de las fiestas decembrinas y se puede encontrar en varios países latinoamericanos como Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica o El Salvador.

México también es el país con mayor variedad de tamales, pues existen más de 500 recetas entre dulces y salados. Por ello, es uno de los alimentos más importantes de la gastronomía nacional.

Ambas fiestas se mezclaron durante la conquista y actualmente, los feligreses llevan a bendecir las figuras del Niño Dios que acostaron en el pesebre la noche de Navidad. Les visten con atuendos coloridos: blancos, dorados, rojos o con diseños modernos y les colocan una corona.

Con información de Gourmet México, Expansión, México Desconocido y Excélsior.

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