Todo, todo tiene qué ver con todo. El apocalipsis llega cualquier día y lo peor, nos carga y ni siquiera nos damos cuenta de ello. O bueno, nos damos cuenta ya cuando estamos en el cadalso. Literal. Lo que un día era un negocio redondo, boyante y millonario, por artes, azar y recuas del destino, de un día a otro, se convierte en un fracaso y pérdidas millonarias brutales.
Lo repito, todo tiene que ver con todo. ¿Influye la política o la literatura en el mercado y valor del tomate, en las tortillas, en los pollos asados, en el tequila? Sin duda, sin duda. Lea usted: las ventas de tequila están en el peor momento de su historia. Las ventas de este destilado no solo han bajado drásticamente en México, sino sobre todo en su nivel de exportación a Estados Unidos, Alemania y España, principales mercados extranjeros.
El año pasado, las ventas a EU se redujeron en 1%. ¿Es poco o nada? Es mucho, tomando en cuenta que allá, los gringos consumían 332 millones de los litros, de una producción nacional de 584 millones (Datos actuales de la Cámara Nacional de la Industria Tequilera). Un análisis de esta Cámara ha encontrado: las ventas y consumo se ha reducido dramáticamente en México debido a que las nuevas generaciones de chavos, ya no beben alcohol y si lo hacen, es de bajo octanaje. Bebidas para señoritas, pues.
Y viene la arista política: Juan Domingo Beckmann, Director de la mítica “Casa José Cuervo”, fue expulsado de los indicadores de la BMV desde marzo de este año. Su situación se ha agravado debido a: Beckmann fue grabado junto a Andy y Gonzalo López, hijos de Andrés Manuel López Obrador, en un cónclave en la ciudad de México, justo cuando ambos son señalados de tremenda corrupción por el gobierno de Estados Unidos.
¿Sabe usted de cuánto son las pérdidas de “José Cuervo” en este 2026? Alrededor de 22 mil 500 millones (Datos de “El Universal.”) ¿Ha influido el cariz político? Sin duda. Lejos, lejos quedaron entonces las letras de un escritor que a todos gusta, el malogrado chileno Roberto Bolaño, en dos de sus textos, “Putas asesinas” y “Llamadas telefónicas”, dejó como coctel a disfrutar, su preferido en la vida real: el “charro negro”, mezclado a base de tequila, Coca-Cola y zumo de lima.
Nunca me ha gustado el tequila. Lo he bebido a insistencia de contertulios. Nada más. ¿Uno? Con gusto. ¿Dos? Mejor no. ¿Tres? Imposible. Y claro, sin limón ni sal y esas cosas estrafalarias. El tequila, no dudo, bajará tremendamente de precio.