En uno de mis tantos recorridos por el mundo vitivinícola llego a un territorio de contrastes extremos: calor intenso, largas horas de sol e inviernos severos. Me refiero al desierto del norte de México, a Coahuila, tierra donde nace buena parte de la historia del vino mexicano y donde el trabajo del campo se honra todos los días.
Aquí comenzó a escribirse una parte importante de la vitivinicultura nacional. La historia se remonta a 1597, cuando Lorenzo García tomó posesión de unas tierras cedidas por la Corona española y fundó la Hacienda San Lorenzo, dedicada a la elaboración de vinos y brandys. En aquella época eran populares las “mistelas”, bebidas preparadas con aguardiente puro de uva, similares a la grappa italiana.
Tiempo después, don Evaristo Madero adquirió la hacienda y la transformó en Casa Madero, considerada la primera gran productora de vinos en México. Incorporó vinicultores de España e Italia, además de enólogos franceses, nuevas variedades de vid y tecnología especializada para elevar la calidad de sus vinos, reconocidos hasta hoy con premios nacionales e internacionales.
Con el paso de los años, la calidad del vino coahuilense ha crecido de manera notable. La competencia con regiones como Baja California ha impulsado mejoras constantes en beneficio del consumidor. Además de Parras, otras zonas del estado han desarrollado proyectos vinícolas que, aunque más pequeños, destacan por su esfuerzo y calidad.
En el más reciente Concurso Mundial de Bruselas, celebrado en China, vinos de Coahuila obtuvieron 23 medallas entre oro y plata. Vinícolas como Hacienda Florida, Parvada, Casa Madero, Vinícola El Fortín, Joya del Desierto y Punto Norte forman parte de este reconocimiento al trabajo de la región.
Los vinos tintos elaborados con cabernet sauvignon, merlot, tempranillo y shiraz sobresalen por su calidad, al igual que los blancos de semillón, chardonnay, chenin blanc, colombard y sauvignon blanc. La cosecha se realiza en agosto y las parras pueden vivir hasta 40 años.
Cuando alguien descorcha una botella de vino de Coahuila, también abre una parte de la historia del vino mexicano.
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