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/ 16 agosto 2026

JULIO TORRI EN SU TINTA Y TINTO

A propósito de los 450 años de Saltillo, una mirada a Julio Torri y a los aforismos con los que retrató, entre humor e ironía, algunas costumbres mexicanas.

Saltillo crece a pasos de gigante. Para decirlo en feliz aforismo del Gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez Salinas. Y Saltillo (mi ciudad, ciudad a la cual amo y detesto a partes iguales, seamos francos) se acerca gozosa a cumplir el próximo año 450 años de haber sido erguida. No poca cosa, porque somos los fundadores de una buena parte del Norte y Noreste de México. Somos semilla, no cosecha; somos simiente, no rastrojo.

Y con base en ello, es necesario abordar eso, nuestra semilla, nuestra esencia, aquello lo cual nos hace norteños, saltillenses y sí, nos hace mexicanos. Y sólo para empezar y como un pequeño entremés, un canapé literario, hoy abordaremos mediante una selección de sus aforismos sobre bebidas, comidas y modos de ser de los mexicanos y sus pueblos, a ese escritor saltillense cultivador de perlas, precursor de Jorge Luis Borges y Juan José Arreola, ese “humorista impávido” como lo llamó en su momento don Martín Luis Guzmán: damas y caballeros, con nosotros don Julio Torri (1889-1970), para fortuna nuestra, saltillense.

Los textos, los aforismos siguientes proceden de una recopilación de textos exhumados del olvido por parte del investigador Serge I. Zaitzeff. El texto se llama “El ladrón de ataúdes” y está editado para Fondo de Cultura Económica. Entre la burla, la crítica exquisita, el imperio de la zozobra, la flecha con buena puntería y siempre, con la filigrana de la imaginación y la mejor letra, los siguientes aforismos nos harán reflexionar. Sin duda.

“Sobre mi cuerpo obeso mi cara trasudaba complacencia, y las venas de la frente, hinchadas del comer y beber, daban a mi sudoroso semblante una apariencia báquida y muy de la manera de Jordaens.”

“La noche está próxima y las lamparillas de petróleo, con su luz vacilante y roja, iluminan brutalmente las caras atezadas de los pilluelos, los rimeros de naranjas y dátiles, las ollas relucientes de barro.”

“El curita. Era gordito. Hinchado de carrillos. Rubicundo, pequeño, con la voz aflautada... era cura de la parroquia de San Salvador el Verde. Vivían plácidamente entre sus beatas, sus chocolates y sus siestas.”

Y viene a continuación la mejor perla de este opúsculo: “Si quieres ser feliz una hora, bebe un buen vaso de vino. Si quieres serlo un día, toma un baño. Si una semana, fornica una vez. Si un mes, púrgate. Si quieres ser dichoso un año, cásate. Si quieres ser feliz toda la vida, no te cases.”

Absolutamente genial nuestro Julio Torri. Espere usted más textos e ideas para glosar, como el famoso texto/cuento de “La cocinera.” Una joya.

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Jesús R. Cedillo
por Jesús R. Cedillo
Escritor y periodista saltillense. Ha publicado en los principales diarios y revistas de México. Ganador de siete Premios de Periodismo Cultural de la UAdeC en diversos géneros periodísticos.
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