Lo he publicado harto en todos los espacios periodísticos y literarios a mi mano en varias partes del país: la inmediatez le gana la partida a lo importante y de fondo. Y lo importante y de fondo a este escritor, también se le va de las manos como una voluta de humo inapresable. Voy descubriendo haciendo cuentas matemáticas, las cuales no se me dan, seamos francos, lo siguiente: este año el cual se escapa de la vida y las manos, se cumplen 65 años de la muerte del Premio Nobel de Literatura, Ernest Hemingway (1899-1961). Sí, uno de mis preferidos. Tanto como escritor como periodista.
Cifra redonda lo cual obliga a releer toda su obra. Anotarla, paladearla y hacerle un homenaje, como estas torpes letras. Escribí “paladearla”, sí, saborearla, buscar las resonancias secretas de sus letras donde hace gala de erudición y gran estilo al describir platillos, comidas, vinos, cervezas y lugares míticos ya, debido a su pluma: Cuba y sus peces gigantescos, las estepas africanas al pie del Kilimanjaro, los trofeos de caza de animales impensables; claro, su “descubrimiento” de los sanfermines españoles y las corridas de toros, solo para varones bien nacidos. En fin.
Pero ¿y la ciudad, las ciudades en sus letras? Sin duda, se ha abordado lo anterior, pero todo palidece ante el embate del macho cabrío de papá Hemingway y sus obras donde aflora el combate del hombre con la naturaleza y el nunca dejarse domar ni domesticar.
Estoy releyendo los libros que tengo del Nobel suicida. Pero, hay uno que no había leído, es “Ahora brilla el sol”, también se le conoce como “Fiesta.” Personajes atormentados, heridos de guerra; ellas, entre el alcohol y los amores ridículos y eternos; ellos atados al potro de la angustia. Sucede en París y España. Tardes grises, pero más, en un calor demencial de un junio intolerable, lo cual hace sudar a los personajes y moldea su carácter.
Al punto: ¿Qué comen, qué beben los protagonistas; son lugares ficticios o reales las cafeterías y hoteles frecuentados? Volveré al tema, pero un rápido inventario: “Café Versalles”, “Café Napolitain”, “Restaurante Foyod”, “Restaurante Select”... en cuanto a bebidas y almuerzos afloran platillos siempre en francés en el original. Pero, aparece en el capítulo III y lo hará en toda la novela, una bebida muy ruda, solo para iniciados: “Pernod.” En voz del narrador, “El pernod es una especie de ajenjo, de color verdoso. Añadiéndole agua se vuelve lechoso. Tiene sabor dulce y es de rápido efecto, pero también lo tumba a uno con la misma rapidez.”
Sí, una variante del “hada verde.” ¿Usted ya lo probó? De alto impacto.