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/ 19 abril 2026

DE LA LUNA, PARA EL MUNDO

Entre órbitas y silencios cósmicos, la misión Artemis II nos recuerda que el mayor logro humano no es llegar más lejos, sino no olvidar lo esencial: amar, creer y construir con propósito.

Hace algunas semanas inició una nueva misión espacial con cuatro astronautas.

Artemis II no iba a pisar la Luna todavía, sino a preparar el camino para volver a hacerlo.

Y en ese “todavía no” hay algo profundamente humano y espiritual: la paciencia y la esperanza.

Algo que me recuerda lo que se necesita para llegar al cielo. Porque, aunque a veces lo parezca, no es una misión imposible.

Esta misión también rompió estigmas. Por primera vez, una mujer —Christina Koch— orbitó la Luna, preparando el camino para que otras puedan pisarla algún día. Aquel dicho de “bajarte la luna y las estrellas” tendrá que modernizarse, porque ahora la mujer podrá llegar a ellas por sí misma. No se trataba de que nos las bajaran, sino de que se nos permitiera alcanzarlas.

Jeremy Hansen, el único miembro de la tripulación que no es estadounidense, nos recuerda que el humanismo está por encima del patriotismo.

A través de un mensaje de radio, propuso nombrar un cráter Carroll, en memoria de la esposa fallecida de su compañero Reid Wiseman. Un gesto que trascendió el espacio y nos llevó al centro de nuestra humanidad.

“Te amo hasta la Luna y de regreso” dejó de ser solo una frase. Hoy nos recuerda que el amor no solo es vital en la Tierra, sino también en el universo.

Porque incluso más allá de las estrellas, seguimos siendo lo mismo: humanos que aman, que recuerdan y que necesitan nombrar.

Reid Wiseman nos muestra la humildad de quien, incluso en el espacio, se limpia las lágrimas al ver este gesto de su compañero. Y ha dicho que ser papá soltero es el trabajo más retador y gratificante del universo. Un mensaje que toca profundamente a quienes somos padres.

Victor Glover, por su parte, lleva su Biblia al espacio y nos recuerda algo esencial: que, en medio de este universo inmenso, existe un oasis llamado Tierra donde podemos coexistir.

Hay también una lección silenciosa: mientras el mundo insiste en la juventud como medida de valor, estos astronautas, entre los 45 y 50 años, hicieron historia.

Sin superficialidad, con años de preparación, nos recuerdan que la plenitud no está en aparentar, sino en construir.

Gracias a la NASA, el mundo empieza a recordar que los grandes avances no nacen de lo superficial, sino de mentes valientes que se atreven a pensar, a creer, a buscar.

Artemis II no es solo “ir y volver”. Es una misión que llevó a la humanidad más lejos que nunca, orbitando incluso la cara oculta de la Luna.

Y ahí, en medio del silencio del universo, surgen los mensajes que realmente importan.

Tal vez eso es lo más impresionante de todo: que, en medio del universo infinito, el Amor sigue siendo la mayor verdad.

Estos astronautas no han olvidado lo esencial: poner los pies en la Tierra y el corazón en los demás.

Ojalá que estos mensajes desde la Luna nos hagan volver a lo verdaderamente importante.

Porque incluso más allá de las estrellas, el amor sigue siendo la mayor verdad.

Con amor,

Naye.

Nayeli Pereznegrón
por Nayeli Pereznegrón
PRESIDENTA Y FUNDADORA DE LA FUNDACIÓN LUCHANDO POR ÁNGELES PEQUEÑOS (LPAP).
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