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/ 24 junio 2026

AL INFINITO Y MÁS ALLÁ

Una reflexión sobre cómo Toy Story ha acompañado a una generación, entre nostalgia, crecimiento y el paso del tiempo.

Hace 30 años conocíamos por primera vez una de las historias de Pixar más increíbles de todos los tiempos: Toy Story.Yo tenía seis años. No recuerdo haber ido al cine a ver la película, muy seguramente sí, pero lo que sí tengo grabado en mi memoria es que nos compraron el VHS y cada fin de semana la veíamos. Junto con mi hermana mayor fuimos aprendiendo poco a poco los diálogos, disfrutando las canciones y descubriendo cada detalle de sus personajes.No fue hasta la segunda entrega cuando quedé completamente enamorada de Jessy; tanto así que mi fiesta de 10 años fue inspirada en ella. Fiestas, piñatas, artículos personales, juguetes... fue todo un fenómeno que marcó a una generación entera. Fueron parte de nosotros, amigos que nos acompañaron en momentos especiales. Todos soñábamos con ir a Pizza Planeta o recorrer los interminables pasillos de la juguetería de Al, llenos de Barbies y todo tipo de juguetes.Después, en un abrir y cerrar de ojos, sin imaginar que el tiempo pasaría tan rápido, anunciaron en 2010 una nueva película: Toy Story 3. Y todos aquellos niños que crecimos en los años noventa estábamos viviendo nuestra juventud al igual que el famoso Andy.Sí, lo debo confesar: fue un gran regalo poder transportarnos a una época que ya no existía, a una vida que solamente habitaba en nuestros recuerdos. Porque, así como Andy, nosotros también habíamos guardado, regalado o donado nuestros juguetes. Fue la primera vez que una película nos mostró el paso del tiempo de una manera tan cercana y nos hizo sentir nostalgia por nuestra infancia, por aquellas noches de películas llenas de magia.Nos estábamos dando cuenta de lo que realmente significa crecer: dejar atrás momentos irrepetibles y enfrentarnos a la vida adulta.Sinceramente, no pensé que en 2019 volverían nuestros personajes favoritos con una nueva aventura. Esta vez la emoción fue aún mayor. La melancolía de ver nuevamente a Woody y Buzz en pantalla nos hizo creer que seguíamos siendo aquellos niños que llevamos dentro; esos que aun conservan la capacidad de soñar, de confiar en los demás y de emocionarse con las cosas simples.También llegó un nuevo desafío: aceptar las despedidas, los cambios y la integración de nuevos personajes. Nos enamoramos de Forky y lloramos con la decisión del comisario Woody de elegir la libertad y descubrir un nuevo propósito.Y así llegamos a la película número cinco. Después de tanto tiempo, siendo por fuera personas distintas, pero por dentro los mismos de siempre. Qué alegría poder ir ahora con hijos, sobrinos o nuevas generaciones a compartir esta historia y descubrir cómo aborda una realidad tan actual: la relación de los niños con la tecnología y el papel que siguen teniendo los juguetes en sus vidas.Porque al final, más allá de las aventuras, las risas o la nostalgia, cada una de las películas de Toy Story nos ha dejado grandes enseñanzas sobre la amistad, la lealtad, los cambios, las despedidas y el paso inevitable del tiempo. Y quizá por eso seguimos regresando a ellas una y otra vez: porque, de alguna manera, también cuentan nuestra propia historia.

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