Originaria de Reynosa, Tamaulipas, la Dra. Erika Acosta ha construido su trayectoria científica desde un punto de partida adverso: el acceso limitado a las áreas que le interesaban y un entorno que no siempre favoreció su desarrollo. Hace una década llegó a la Facultad de Ciencias Químicas de la UAdeC, en Saltillo, donde hoy lidera una línea de investigación con aplicaciones directas en la agricultura del norte del país.
Su interés por la genética y la agronomía surgió desde la preparatoria. Ante la imposibilidad de estudiar agronomía o genética en ese momento, eligió Químico Farmacobiólogo. Más adelante, en la maestría en ciencias en biotecnología genómica y el doctorado en ciencias en biomedicina y biotecnología molecular orientó su formación hacia el estudio de bacterias asociadas al crecimiento vegetal. El resultado: una carrera que terminó integrando, por otra vía, las disciplinas que originalmente buscaba.
Las investigaciones se centran en mejorar el crecimiento vegetal y reducir el uso de agroquímicos.Foto: Luis Meléndez
Ciencia aplicada desde lo local
El eje de su laboratorio es el estudio de bacterias promotoras del crecimiento vegetal. A partir de un proyecto impulsado en 2017, realizó un amplio muestreo en zonas agrícolas para aislar cepas locales con potencial biotecnológico. Este enfoque ha sido clave: trabajar con microorganismos adaptados a las condiciones de Coahuila —suelos alcalinos, baja disponibilidad de nutrientes y clima extremo— permite desarrollar soluciones viables para productores de la región.
A lo largo de los años, esta línea se ha diversificado en proyectos sobre solubilización de fosfatos, control biológico de patógenos, así como biorremediación. Su laboratorio mantiene una colección de cepas con distintas capacidades, entre ellas resistencia a arsénico, lo que abre posibilidades más allá del ámbito agrícola.
“Demostramos por primera vez que la tuberculosis existió en México antes de los españoles.” Dra Erika AcostaFoto: Luis Meléndez
Un logro pionero en el estado
Uno de los hitos más relevantes de su trayectoria fue la secuenciación y publicación del genoma de Pantoea agglomerans UADEC20, una bacteria aislada en campos locales. El proyecto tomó siete años y se convirtió en el primer genoma publicado en el estado de Coahuila.
El trabajo implicó desde el aislamiento y caracterización de la bacteria, hasta la secuenciación y el ensamblaje de millones de fragmentos genéticos, así como la anotación del genoma. El resultado permitió identificar genes asociados a la solubilización de fosfatos, y a la producción de exopolisacáridos, compuestos que favorecen su supervivencia y mecanismos de adaptación a condiciones adversas.
Además, el análisis reveló características que fortalecen su potencial como biofertilizante: ausencia de genes de virulencia, sensibilidad a antibióticos y capacidad de interacción con la raíz de las plantas. Se trata de un avance con aplicaciones concretas, aunque aun en proceso de validación.
“El estudio del genoma es el libro de instrucciones de una bacteria.” Dra Erika AcostaFoto: Luis Meléndez
Aportaciones que empujan la ciencia
Antes de este logro, Acosta ya había participado en un hallazgo relevante durante su etapa posdoctoral. En colaboración con un estudiante de licenciatura, desarrolló una técnica basada en el análisis de lípidos para detectar tuberculosis en restos precolombinos.
El método permitió demostrar, por primera vez a nivel molecular, la presencia de esta enfermedad en México antes de la llegada de los españoles. La propuesta, que surgió como una solución a un problema experimental, derivó en una innovación metodológica reconocida y en una tesis premiada incluso por encima de trabajos de posgrado.
“Ser mujer en la ciencia sigue implicando enfrentar barreras que no tienen que ver con capacidad.” Dra Erika AcostaFoto: Luis Meléndez
Investigar con limitaciones y resistencias
A pesar de estos avances, la investigación se ha desarrollado bajo condiciones limitadas. La falta de financiamiento ha impactado directamente en los tiempos de trabajo, el acceso a infraestructura y la continuidad de los proyectos. La publicación del genoma, por ejemplo, requirió años adicionales debido a la necesidad de reunir recursos de manera fragmentada.
A esto se suma un entorno en el que las barreras de género siguen presentes. Desde comentarios que intentaron desviar su camino profesional hasta experiencias de acoso a lo largo de su carrera, Acosta ha enfrentado un contexto que no siempre reconoce el trabajo científico en igualdad de condiciones.
Lejos de ser un elemento aislado, esta experiencia forma parte de una estructura que todavía limita la participación plena de las mujeres en la ciencia.
En laboratorio, la Dra. Erika Acosta trabaja con cepas bacterianas aisladas de suelos del norte del país.Foto: Luis Meléndez
Mirar hacia adelante
Actualmente, su investigación continúa avanzando hacia la posible aplicación de bacterias como biofertilizantes en condiciones reales de cultivo. El proceso implica pruebas en planta, invernadero y eventualmente campo abierto, con el objetivo de reducir el uso de agroquímicos sin comprometer la productividad.
La trayectoria de Erika Acosta se sostiene en resultados concretos: formación de recursos humanos de alta calidad, desarrollos metodológicos, publicaciones científicas y una línea de investigación consolidada con impacto regional. En paralelo, su trabajo también evidencia las condiciones en las que se produce ciencia en contextos con recursos limitados.
Entre el laboratorio y el campo, su apuesta sigue siendo la misma: generar conocimiento útil, aplicable y construido desde el entorno que lo necesita.
En ese recorrido, su mensaje se dirige a quienes empiezan: a las niñas que hacen preguntas incómodas, que quieren descubrir y buscan respuestas, les propone no encogerse para encajar, sino sostener la curiosidad y convertirla en oficio. Porque, insiste, ahí es donde comienza la ciencia.