Especiales
/ 17 mayo 2026

EXPLORA LA PSICOTERAPIA CON CABALLOS

En el marco del Día del Psicólogo en México, Sandra Pérez comparte cómo encontró en la psicoterapia asistida con caballos una manera distinta de acompañar procesos emocionales, donde el cuerpo, las emociones y la conexión reemplazan a las palabras como centro de la terapia.

LOCACIÓN: BRÍO NATURAL

El Día del Psicólogo reconoce a quienes acompañan procesos emocionales, ayudan a enfrentar crisis y abren espacios para entender lo que muchas veces cuesta nombrar. Sandra Pérez decidió hacerlo desde un camino poco convencional: la psicoterapia asistida con caballos.

Lo que comenzó como una búsqueda personal terminó por transformar también su manera de ejercer la profesión. Lejos del consultorio tradicional, encontró en la interacción con los equinos una herramienta para trabajar el miedo, el control, la ansiedad y la conexión personal desde la experiencia directa. Porque, asegura, hay emociones que no se explican del todo hablando; necesitan vivirse.

Cuando se formó como psicóloga Sandra Pérez no planeó trabajar con caballos. Llegó a ellos en un momento de ruptura.

$!Sandra Pérez durante una sesión, donde la interacción guía el proceso emocional.

“Me encontraba en un empleo que ya no me satisfacía... no estaba ejerciendo mi profesión”. Había visto de lejos la psicoterapia asistida con caballos, pero siempre encontraba una excusa. Hasta que una llamada abrió un espacio que no pensaba tomar. “Ese día fue el momento clave”.

Su interés por la psicología nació antes, en preparatoria, cuando tuvo que elegir camino. “Me interesaba entender cómo piensan, sienten y actúan las personas”. Con el tiempo, esa búsqueda se volvió más concreta: acompañar procesos de cambio. Hoy lo hace desde un enfoque distinto, donde el cuerpo entra en juego y las palabras son complementarias.

$!La presencia de los caballos permite observar reacciones que no siempre se expresan con palabras.

Una terapia que se vive

La psicoterapia asistida con caballos, explica, es un trabajo vivencial. No se trata solo de hablar. “No se queda solo en la conversación... se vive el momento”. En un espacio abierto, en contacto con la naturaleza, la persona observa, se acerca, interactúa. Lo simple, desde guiar, cepillar hasta caminar, se vuelve revelador.

“El caballo no reacciona a lo que le dices, sino a lo que realmente está sintiendo de ti”. Esa es la base. Además, el equino es un animal de presa, sensible a lo que ocurre alrededor, responde a la tensión, la respiración, a la postura. No hay forma de fingir. Si hay incoherencia, aparece. Si hay calma, también.

Por eso la sesión se realiza en un ruedo, en manada. En donde los equinos “se convierten en una especie de ‘espejo en vivo’”. Las emociones no se explican: aparecen. A veces como nervios o duda, otras como miedo. No siempre al caballo, sino a lo que representa: perder el control, equivocarse, no saber. “El contacto con caballos baja muchas defensas”.

En ese punto, algo se mueve. La persona deja de intentar hacerlo perfecto, respira distinto, se detiene. “Cuando yo cambio, afuera también cambia”. El caballo responde: se acerca, sigue, conecta. No es teoría, es algo que ocurre frente a sus ojos.

$!En un entorno abierto, Sandra trabaja con caballos como facilitadores del proceso terapéutico.

Cuando el cambio se hace visible

Sandra ha visto ese momento repetirse. Mujeres que llegan desde la exigencia, el control, el deber ser. Intentan hacerlo bien, pero el caballo no responde. Aparece la frustración y luego el silencio. “Estoy cansada de tener que poder con todo”, dicen. “Estoy cansada de ser siempre la fuerte”. No es un discurso preparado. “No son ejercicios perfectos... son momentos de conexión real”.

Ese tipo de experiencia no se queda ahí. Con el tiempo, los cambios se trasladan a la vida diaria. “Empiezan a identificar lo que sienten y a nombrarlo con más facilidad”. Hay más claridad, decisiones distintas. También aparece otra forma de seguridad. “No una seguridad forzada, sino más auténtica”. Se nota en lo cotidiano: cómo hablan, cómo se posicionan, cómo ponen límites.

El impacto también se refleja en los vínculos. Al trabajar temas como control, confianza o límites con el caballo, muchas personas los replican fuera: dejan de ceder, se comunican distinto, se alejan de dinámicas que les hacen daño; y algo más: aprenden a regularse, a estar presentes, a no reaccionar de inmediato. “Eso es algo que el caballo enseña sin palabras”.

$!En un entorno abierto, Sandra trabaja con caballos como facilitadores del proceso terapéutico.

Mitos, miedo y lo que sí ocurre

La terapia no es exclusiva de un perfil: niños, adolescentes, adultos, familias, cada uno llega con algo distinto. Los más jóvenes encuentran una forma de expresar lo que no pueden decir. Los adultos, una vía para salir de la cabeza y entrar en la experiencia. También llegan personas con ansiedad, duelos, problemas de relación o procesos más complejos.

El miedo inicial es parte del proceso. “No se evita, se trabaja”. Nadie está obligado a acercarse de inmediato. A veces la primera sesión es solo observar, nombrar lo que pasa en el cuerpo. Poco a poco, el acercamiento ocurre, y ese primer límite, ese primer paso, se vuelve significativo.

Alrededor de esta terapia también hay ideas equivocadas. Una de las más comunes: que se trata de montar. “La mayoría del trabajo es en tierra”. Otra: que es algo sin base. Sandra lo descarta. Hay fundamentos en la psicología, en el trabajo corporal, en la regulación emocional. También se piensa que es solo para niños o que hay que amar a los caballos. “Para nada”. De hecho, quienes llegan con duda o resistencia suelen tener procesos más profundos.

Tampoco es un espacio improvisado ni sin cuidado. Hay protocolos, acompañamiento profesional y objetivos claros. Y un punto clave: el caballo no sustituye al terapeuta. “Es un facilitador del proceso”.

Para Sandra, limitar la terapia a cuatro paredes deja fuera una parte importante. “Hay emociones que se piensan... pero no se experimentan del todo”. Afuera, en un entorno vivo, todo ocurre en tiempo real: el miedo, la frustración, la conexión. El cuerpo toma la delantera.

Salir del control

La naturaleza también influye. Baja el ritmo, abre espacio. “La mente se vuelve menos ruidosa”. Permite estar presente, y desde ahí, lo que parecía lejano se vuelve más claro.

Salir de ese espacio implica algo más que enfrentar un miedo. Es descubrir cómo se reacciona cuando no hay control. Qué tanto se confía, cómo se maneja la incertidumbre, qué se necesita para sentirse seguro. “Aprendemos quiénes somos cuando ya no podemos actuar en automático”.

Para quien duda, su respuesta es directa: “No es necesario que te gusten los caballos... solo estar dispuesto a vivir la experiencia”. Porque al final, insiste, no se trata del caballo, se trata de lo que aparece frente a él. Y cuando eso ocurre, queda una certeza que no necesita explicación: “cuando logra acercarse, poner un límite o guiar al caballo... no solo aprende a hacerlo, aprende que puede”.

$!Cada sesión combina cuerpo, emoción y vínculo en contacto directo con los equinos.

Contáctala: 844 362 3200

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: MARÍA COCO: DE SALTILLO AL MUNDO CON ILUSTRACIÓN Y MATERNIDAD

Historias 360