COMIDAS “PANTAGRUÉLICAS”

Gracias por leerme, señor lector. Varios comentarios me llegaron de un texto publicado en fecha pasada en este espacio de reflexión sobre la gastronomía. Y, claro, las bebidas de cualquier tipo de color y pelaje. Cuando uno se entrega a cierto tipo de comidas abundantes, excesivas, casi bestiales, se les define como comidas pantagruélicas. Lo vimos rápidamente en dicho texto pasado. Término tomado de la literatura.

Específicamente de “Gargantúa y Pantagruel” de la autoría de Françoise Rabelais (1532-1552). Lectores me han pedido que vuelva al tema. El libro es lo mismo hilarante que reflexivo, jocoso pero con cierta filosofía, o una gran filosofía entre líneas y dientes. Tomemos como rápido ejemplo el capítulo V, donde Gargamella y Guandgousier, luego de estar en la taberna, se van a un campo florido, a la pradera, y allí empiezan de nuevo a danzar “los frascos, a trotar los jamones, a volar los vasos y a tintinear las copas”. Le transcribo algunas reflexiones, diálogos de este par, de este, digamos, matrimonio, padres de Gargantúa, los cuales chocan vasos con alegría:  

“Azótame con ese vaso galantemente”. “Yo no bebo más que a mis horas, como la mula del Papa”. “¿Qué fue primero la sed o la bebida?” “Échame clarete hasta que el vaso llore”, “… yo pecador, cuando bebo sin sed, no lo hago para el presente, sino para el futuro, para el porvenir, como comprenderéis. Bebo para la sed venidera”. “Yo bebo eternamente. Es mi eternidad beber y beber eternamente. Cantemos. Bebamos. Entonemos un motete”. Caray, pues sí, esto sí es una sed ancestral, jamás satisfecha. Un último diálogo o parágrafo: “Bebed siempre y jamás moriréis”.

Pero esto de comidas o bacanales están presentes en toda la historia de la humanidad, hasta nuestros días. Pero, vaya, regresemos en el tiempo y leamos un pálido fragmento de decenas del divino Virgilio en su obra cumbre “La Eneida”. Eneas empuña arco y flechas para dar de comer un banquete, un festín a sus tropas y ciudadanos que siguen con él luego de la caída de Troya. Ensarta diestramente reses y ciervos de ramosas cornamentas. Luego de ello, va y les endereza un buen discurso a sus cansadas tropas y les pone la caza a sus pies. 

Leemos entonces: “Échense ellos entonces, en tanto sobre la caza y preparan el festín; desuellan las reses y les sacan las entrañas, unos las trinchan en tasajos y los espetan palpitantes en los asadores; otros disponen calderas en la lumbre y atizan la lumbre. Recobran las fuerzas con el alimento y, tendidos sobre la hierba, se hartan de vino añejo y de la suculenta carne de los venados” .

¿Lo nota? Pues sí, es un alimento de guerreros: carne a la parrilla, pura proteína, bañada esta con buenos vinos. Con un banquete tipo pantagruélico como este, uno vuelve a la vida y al tejido del campo de batalla. 

Jesus R. Cedillo

Escritor y periodista saltillense. Ha publicado en los principales diarios y revistas de México. Ganador de siete premios de periodismo cultural de la UAdeC en diversos géneros periodísticos.

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