¿Pichas, cachas o bateas?

Aunque las circunstancias nos lleven a explorar distintas áreas laborales, difícilmente seremos expertos en todo

Cuando empezamos un negocio tenemos grandes expectativas, sueños y, en el mejor de los casos, un ambicioso plan de acción. Si arrancamos como la mayoría de los pequeños y medianos empresarios del país, al inicio no tendremos un gran equipo en el cual podamos apoyarnos al delegar tareas. Como es natural, quien emprende, tendrá que hacer un poco de todo para sacar a flote su negocio. Si el negocio va bien, sobrevivirá los primeros 12 doce meses; si va mejor, habrá manifestado algún crecimiento y, por pequeño que este sea, es el signo de que debemos empezar invertir en nuestra empresa. Una de las mejores inversiones que podemos hacer cuando estamos al frente de un negocio es invertir en nosotros mismos, en nuestro capital intelectual, o en nuestra formación, a través de cursos, asesorías, terapias y coaching.

Hay quienes se quejan, y prefieren “ahorrar” ese dinero, sin embargo, creo que debemos tener el valor y la humildad suficiente para reconocer que si bien hemos sacado adelante una empresa por nuestros propios medios y en muchas ocasiones hemos tenido que pichar, cachar y batear, no podemos ser expertos en todo. Difícilmente tendremos la razón en todo, todo el tiempo. Para crecer hay que prepararnos y a veces no tenemos la perspectiva de hacia dónde orientarnos, o saber cuál es el siguiente paso o cómo darlo. Es entonces cuando la consultoría de un experto puede arrojar luz sobre cuestiones específicas que queramos abordar. Sean asuntos de imagen, etiqueta y orden, o bien, liderazgo, diversificación patrimonial, finanzas, diseño, redacción o mercadotecnia, siempre encontraremos un experto cuya asesoría le dé un empuje vigoroso a nuestro negocio. Como en todo, lo primero es querer. Hay que vencer el orgullo y esa sensación de “yo lo sé todo”.

Una vez aceptado que nos vendría bien el consejo de alguien externo a nuestro contexto estamos listos para avanzar. Lo segundo es encontrar al asesor adecuado. Hay buenos consultores y hay otros mejores. Hay algunos con amplia trayectoria internacional y otros con una experiencia sólida en el ambiente local. No siempre el que se presenta con las mejores credenciales (o el más caro) necesariamente va a ser el mejor. El mejor consultor es el que tiene la capacidad, voluntad y compromiso de ayudarnos a resolver el asunto a tratar. Lo tercero es entregarse a la experiencia. Si ya estamos contratando a alguien para que nos asesore, hay que confiar en él, preguntarle todo y aprender todo lo que se pueda. El principal motor de tu negocio eres tú, de ahí que lo más importante sea buscar tu bienestar y todo lo que te ayude a desarrollar tu potencial.

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