El orden se nota

 El orden marca la diferencia en las empresas y, desde luego, en las campañas

 He tenido la oportunidad de prepararme ampliamente en el tema del orden. Aunque el asunto pareciera de menor importancia, cuanta más he recorrido el campo profesional con este argumento como filtro de mi visión, más me doy cuenta que el orden se nota. El orden se nota en los espacios que habitamos, nuestra casa y nuestra recámara, por supuesto. Pero el orden se hace muy evidente en el terreno laboral. Las empresas que se manejan con orden, prosperan, prevalecen y se desarrollan con un propósito. Las campañas de publicidad y las campañas políticas que se desenvuelven con orden, triunfan por encima de las que nacen de una mera inspiración de marketing o un eslogan emotivo.

La base de la metodología que sigo para ordenar tiene su origen en Japón, donde el espacio es sumamente reducido y las ideas se distinguen por su innovación y pertinencia. El concepto parte de tener un sitio para cada cosa. Parece muy simple, pero en la práctica no lo es tanto. Implica cambiar, valorar, y dar prioridades. Es retador, pero las bondades llegan de inmediato. En las empresas, el orden genera beneficios en sus espacios físicos pero también en sus procesos, en la rapidez de respuesta, facilidad de acción y eficacia. Además, empleados, gerentes y directivos se vuelven más creativos al trabajar en espacios ordenados. La gran mayoría ha reportado una claridad mental incrementada, más asertividad y una comunicación que se mueve con fluidez.

Por otra parte, en cuestión pública el orden es muy necesario. Las campañas políticas deben ser líquidas, con la capacidad de adaptarse a lo cambiante del entorno, sin embargo, deben tener una estrategia clara y ordenada punto por punto que demuestre la seriedad de sus partidos y el liderazgo de sus candidatos. Una campaña que se mueve sin orden no puede otorgar el suficiente respaldo a sus candidatos, se ve improvisada, hueca y genera desconfianza. Aunque la propuesta política sea magnífica y el candidato esté a la altura, si las tuercas no se aprietan con precisión la maquinaria no dará el rendimiento esperado: habrá tropiezos en la comunicación, los mensajes quizá no sean tan claros o la imagen del candidato puede dejar a desear.

Afortunadamente, todos los puntos anteriores son previsibles y controlables. Todo depende de que nos movamos con dirección, estructura y, especialmente, con orden.

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