MAMÁ, RESPIRA

POR PAULINA DE LA TORRE MONTERO

Florece a tu propio ritmo, mi pequeña

Hola, mamis y papis leyentes, qué felicidad me da tenerlos aquí en lo que sería ya mi segundo escrito en esta revista. Me presento ante ustedes: yo soy Paulina, licenciada en ciencias de la comunicación, asesora de lactancia y mamá primeriza de una increíble personita llamada Katalina, la cual, a lo largo de estos 15 meses, me ha enseñado tantas cosas que me faltaban por aprender de la vida, me ha dado lecciones que necesitaba vivir y ha cambiado mi mundo de la forma más espectacular y majestuosa. 

Una de las muchas cosas que Katalina me ha enseñado ha sido el aprender a no preocuparme de más, como muchas veces tiendo a hacerlo, a dejar que las cosas vayan fluyendo y ver cómo todo tiene su proceso; progresiva o rápidamente, todo en esta vida se acomoda para ser perfecto y como debe de ser. 

Cuando nació Katalina, a término de 38 semanas, pesando 2 kilos 500 gramos y midiendo 48 centímetros, pero completa y totalmente sana, supimos que sería una bebé pequeña, petite. Así fue creciendo conforme los meses iban pasando, siempre se mostró pequeñita, tranquila, delicada con sus movimientos, pero perfectamente bien y sana ante las gráficas de crecimiento y los ojos de los especialistas con quienes recurrimos. 

Pero, aún así, comenzaron las dudas, las preguntas y, sobre todo, los más grandes enemigos de unos padres primerizos: LOS OPINÓLOGOS. ¿Quiénes son estos famosos opinólogos?, se preguntará usted. Los opinólogos son personas externas, familiares, personas cercanas o hasta muchas veces completos desconocidos que, sin ser requerida su perspectiva sobre nuestros hijos, su crecimiento, su físico, crianza o hasta nuestra forma de llevar la maternidad o paternidad, sugieren, insinúan, aconsejan o hasta juzgan. 

Estos mismos son muchas veces los causantes de que las madres primerizas, como una, lleguen a dudar sobre si están haciendo bien las cosas y sobre la forma de llevar la maternidad. ¿Qué le falta a mi hija? ¿Por qué es tan pequeña? ¿Qué estoy haciendo mal? Y aquí, mamá, es cuando yo te doy el consejo que hasta el día de hoy ha sido mi mejor aliado cuando volteo a ver a mi hija: RESPIRA, MAMÁ, porque lo estas haciendo excelente. 

Tenemos que aprender a darnos cuenta que todos los humanos en este mundo somos total y completamente diferentes en todos los aspectos: emocionales, psicológicos y, sobre todo, físicos. No podemos ir por la vida comparándonos con el de al lado y mucho menos comparando a nuestros pequeños, que están en una etapa de crecimiento constante. 

Mientras tu bebé o tus hijos estén sanos, fuertes, felices y prosperando, y vayan siempre de la mano de un pediatra que pueda indicarles esto, deben de sentirse tranquilas y tranquilos, y simplemente ir disfrutando cada etapa de nuestros pequeños, cada kilito que suben, cada centímetro que crecen, cada nuevo logro, cada nuevo descubrimiento. Porque esa pequeñita, ese pequeñito, completamente diferente al de al lado, está poco a poco, progresiva y hermosamente, floreciendo a su propio ritmo.