Siempre me hice esa pregunta. ¿Para qué estamos aquí?
Llegamos sin nada, hacemos, hacemos... y nos vamos sin nada.
¿Cuál es el punto?
Y con el tiempo, he empezado a entenderlo de una manera muy sencilla.
La vida es como un casting en donde te preparas, te presentas y das lo mejor de ti. Unos serán elegidos para la película y otros no.
La película es el cielo. Es la meta, el destino.
El casting es el cómo vamos a llegar: la ruta, el camino.
Verás, Adán y Eva vivían en el paraíso, hasta que desobedecieron a Dios y su pecado nos separó de Él.
Y entonces llegó Jesús.
Jesús es el maestro que te prepara para el casting. Vino a enseñarnos cómo vivir.
Porque Él no solamente dijo “amen”. Amó.
No solamente dijo “sirvan”. Sirvió.
No solamente dijo “perdonen”. Perdonó.
No solamente dijo “no juzguen”. Miró con misericordia.
También nos enseñó a amar a Dios sobre todas las cosas: más que al dinero, más que al trabajo, más que a la diversión, más que a cualquier cosa que podamos tener.
Y nos leyó las letritas chiquitas del contrato, esas que casi nadie lee:
***El camino no siempre será fácil.***
Habrá momentos en los que dudemos. Habrá momentos en los que nos enojemos con Dios, en los que no entendamos por qué nos pasan ciertas cosas.
Pero Lucas nos explica esto. Cuando Jesús iba a ser traicionado por Judas, le dijo a Pedro:
“Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido permiso para ponerlos a prueba como se hace con el trigo. Pero yo he orado por ti, para que no pierdas tu fe. Y tú, cuando hayas regresado a mí, fortalece a tus hermanos”.
¿Qué significa esto?
Que Satanás pidió poner a prueba a Pedro, pero Jesús no evitó que atravesara la prueba. En cambio, rezó para que su fe no faltara y para que, después de fallar, pudiera levantarse y regresar a Él.
Y lo mismo pasa con nosotros. Puedes fallar. Pero levántate y vuelve a Dios.
No sabemos cuánto dura el casting. Puede ser largo, puede ser corto.
Así que no envidies lo que tiene el otro. No es una competencia.
Tampoco te frustres si no tienes lo que quieres, porque al final no te vas a llevar nada.
Mira a Jesús y camina con Él, como Él.
Porque la vida se trata de merecer nuevamente el Paraíso.
Esta vida es como un Airbnb: es el lugar que nos tocó habitar por un tiempo. podemos disfrutarlo, cuidarlo y hacer de él un hogar pero nuestra verdadera casa aún nos está esperando.