Aquí te espero un ratito mientras ves tu celular: el golazo de Manuel Negrete en México 86. Para muchos, el momento cumbre del futbol mexicano. Puedes ver en el festejo el zape que Manolo recibe de un compañero, quien no frena su paso hacia la media cancha en lo que considero una declaración de, sí, festejar, pero también ponerse atento para cerrar el partido. Ese coequipero de Negrete fue Javier Aguirre, hoy entrenador del TRI.
A cuarenta años de aquel mundial, hoy queremos llegar a la misma instancia que nos mandó ese gol de media tijera: cuartos de final. Para eso, el Vasco construyó una estrategia, una atmósfera y un conjunto que nos permite soñar: ¿y si sí?
Sobra hablar de merecimiento: temblores e inundaciones, tan cerca de algunas cosas, tan alejados de un dios; devaluaciones y crisis, saqueados y violentados, polarizados, migrados... pero siempre levantados. No imagino las terapias de esos héroes futbolistas: entender que no nos cargan, porque no les corresponde; pero darnos alegría, sin duda es algo que buscan.
Es sencillo contagiarse y ver un mar de señales. En las calles y comercios, en oficinas y parques; con playeras oficiales, con clones y con sarapes, los niños y las abuelas, el empresario, el obrero. Se inundó el país de verde, el himno se escucha fuerte, todo aquel que tiene saldo, comparte en redes sociales.
Si miras a los convocados de Aguirre, verás una plantilla que es radiografía de nuestra idiosincrasia, una foto familiar en la que todos cabemos.
Iniciando con Don Memo, ¿quién no tiene en su familia, en la chamba u otra parte, un referente de Ochoa? Experiencia y sobriedad, liderazgo natural. ¿Sus herederos? Son el “Tala” y Acevedo, el titular y el rockero.
En la defensa tenemos a Montes, Vásquez y Sánchez, y a Reyes, Gallardo y Chávez: el Cachorro, un gladiador, el terco hecho lateral, un romántico e influencer, el chistosito del grupo, y el hijo que honra a su padre.
El medio campo de miedo: los Luises Chávez y Romo, el del golazo en Qatar, y el del futbol de ajedrez; Fidalgo, Vargas y Brian, mexicanos por sus huevos, con buena sangre española, con hielo al ejecutar, ¿y los “Brayan” ?, en cada familia hay. Nuestro Capitán es Edson, nuestro orgullo, nuestro pueblo. Y Lira, Orbelín y Mora: temperamento y maromas, y uniendo a todo el equipo, la promesa de una joya.
Y los sicarios del área: Jiménez con G y con Jota, uno es milagro viviente, el otro, pibe y galán, ambos definen sin miedo; la Hormiga, el Chino y Memote, el Piojo, Vega y Quiñones: el Otaku que es bien chido, un velocista explosivo, un gigante literal y en sentido figurado, el desparpajo total, el de carácter festivo, y el que se encarnó en la idea de ese noviazgo perfecto entre México y Colombia.
Qué genial sería presenciar un tipo de analogía del zape a Manuel Negrete: hoy quiero ver esa escena, ver a México ganar, y si el Vasco lo permite, que en el modo de nostalgia, de cábala o antología, le demos todos un zape, por su proeza increíble. ¡Y que venga lo que sigue!
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: UTOPÍA O DISTOPÍA: A ONCE METROS DEL GOL