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/ 12 julio 2026

DISFRUTAR DEL CAMINO

El verano recuerda que siempre hay tiempo para compartir, crear recuerdos y disfrutar el presente antes de dejar la vida para después.

Nos la vivimos en estado de alerta, con las obligaciones y responsabilidades que tenemos. Queremos cumplir con todo y con todos. Llevar la casa, el trabajo, los niños y la agenda, pero entonces pasa algo que no estaba en tus planes y te mueve, y te saca de aquella idea de que todo debe ser perfecto.

El verano nos muestra justamente eso; por eso me gusta tanto, porque nos invita a disfrutar del clima, de las actividades distintas y del aire libre. Es como una pausa para descansar de los horarios, de las prisas, de las actividades con los niños y simplemente fluir. Y estos últimos días nos lo demostraron.

De repente descubrimos que sí había tiempo para juntarnos un martes por la tarde a ver un partido de futbol, que sí podíamos organizar algo en casa e invitar a los amigos, que sí era posible salir a tomar algo entre semana, reírnos un rato y regresar a casa con el corazón un poquito más ligero.

Nos dimos cuenta de que no todo tiene que ser trabajo, pendientes y rutina. Que cuando realmente queremos compartir, siempre encontramos un espacio en la agenda y que unirnos por un mismo motivo, no es tan difícil; al final, todos necesitamos sentirnos acompañados, compartir una conversación, abrazarnos o simplemente disfrutar de estar juntos.

Y precisamente eso fue lo que le compartí a mi hija de 14 años. Le dije que disfrutara, que hiciera planes, que saliera con sus amigas, que conociera gente, que viviera este verano como ningún otro. Que llenara sus días de momentos que algún día se convertirán en recuerdos. Porque eso es precisamente lo que nos sostiene cuando crecemos; no las horas que pasamos trabajando, ni los pendientes que logramos terminar. Lo que realmente permanece es la satisfacción de lo vivido, de lo disfrutado, de lo bailado, de las risas sin motivo, de las pláticas que se alargaron hasta la madrugada, de los viajes improvisados y de todos esos momentos que, sin saberlo, terminan convirtiéndose en los más valiosos de nuestra vida.

No dejemos la vida para después, no esperemos a que llegue el fin de semana, las vacaciones o el momento perfecto para aceptar una invitación, hacer una llamada o decir que sí a un plan, porque ese momento perfecto casi nunca llega.Nuestra versión de hoy será siempre la más joven que volveremos a ser. Hoy tenemos más energía que dentro de algunos años, más tiempo del que quizá tendremos mañana y la oportunidad de crear recuerdos que algún día vamos a extrañar.

Así que di que sí a ese café, a esa carne asada improvisada, a esa tarde de futbol, a esa caminata al atardecer, a la conversación que llevas semanas posponiendo. Di que sí a bailar una canción más, a abrazar un poco más fuerte, a reír un poco más fuerte y a vivir un poco más despacio.

Porque al final todos estamos aquí con un mismo propósito: vivir y disfrutar del camino.

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