Del amor y sus equivocadas concepciones

Cuando hablamos de soledad deberíamos de hablar de la búsqueda de uno mismo con uno mismo

Ya sea caminar alrededor de la ciudad, sentarse a disfrutar un buen libro o charlar con alguno de tantos individuos existentes, es inevitable que, en algún punto de nuestro andar, leer o charlar, algo o alguien haga referencia a esta frase famosísima: “El amor no existe”. Yo me pregunto, ¿cómo va a existir cuando confundimos “amor” con “compañía”? ¿Cómo va a existir con tanto paradigma mental y, sobre todo, social? No es extraño se escuche a las personas afirmar tal cosa como la inexistencia del amor, así como tampoco es extraño que la gente haya aceptado semejante premisa y culparla de todos los acontecimientos trágicos que se suscitan en su vida diaria.

Pero bueno, ¿por qué hemos llegado a este punto tan extremista de negar la existencia de la maravilla que es el amor? Sencillo: porque nadie sabe ya qué es realmente. Y, ¿qué es realmente el amor? Póngase cómodo, mi estimado lector, que pretendo robarme su atención por un buen rato. En la actualidad, se tiende a ver el amor como “estar en pareja” o “recibir” un trato especial de alguna persona significativa en nuestra vida.  De no recibirlo, de no sentir lo que socialmente se entiende como “mariposas en el estómago”, o simplemente el hecho de querer que nos “amen” (como si fuera un acto mecánico) como pensamos que debemos “ser amados”, orilla a tirar la toalla en una batalla que se libra, irónicamente, contra el motor de vida: el amor. Querido lector, amor no siempre es compañía.

Si limitamos el amor al hecho de estar con alguien, de tener que coodepender para nuestra propia felicidad, entonces ¿dónde queda uno como individuo? ¿Dónde queda usted y todos esos detalles que, aunque pequeños, le hacen sonreír? Aquí la verdadera pregunta es, ¿por qué estar en soledad es sinónimo de abandono y, por lo tanto, falta de amor? ¿Por qué le tenemos tanto miedo a estar solos? Cuando hablamos de soledad deberíamos de hablar de la búsqueda de uno mismo con uno mismo; del encuentro entre el cuerpo, los pensamientos, los sentimientos y el alma.

La soledad, enemiga de muchos y amiga de unos cuantos, es necesaria para encontrarse a uno mismo. Y, aun así, muchos se pierden en el intento. ¿Cómo le llama, usted que me lee, a la sensación que tiene cuando hace lo que más le gusta? ¿A una comida hecha por mamá o papá? ¿A la sonrisa que le regala, sin querer, un desconocido en la calle? ¿Cómo le llama a este momento que, aunque omnipresente, estamos teniendo usted y yo? El amor son esos pequeños “algo” que se presentan todo el día, todos los días justo frente a sus ojos. Por supuesto que las personas somos un medio verdaderamente maravilloso de sentir y palpar el amor, pero no nos limitemos, pues, citando “El retrato de Dorian Gray”, “Definirse es limitarse”.

Entonces, ¿qué es el amor? El amor es lo que usted quiera que sea, porque, si de algo tengo certeza, es que el amor está en todas partes, porque el amor “es”, ya usted tendrá oportunidad de aportarle el significado que desee. Tal vez no pueda definir la realidad de lo que verdaderamente es el gran concepto del amor, pero me atrevo a hacer una afirmación: el amor no es miedo. El miedo limita, separa, intimida, destruye. Si algo o alguien provoca en usted estas sensaciones, no piense que eso es amor ni deje de creer en su existencia, pues está muy lejos de ser verdad. Querido lector, y digo “querido” para dejarle claro que el amor está siempre, incluso en este texto. Incluso ahora. Yo le pregunto: si el amor está en todos lados y si usted existe, ¿qué le hace pensar que “amor” no es usted también?

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