CUARESMA: TU OPORTUNIDAD DE ABRIR LA PUERTA

CUARESMA: TU OPORTUNIDAD DE ABRIR LA PUERTA

Dice San Gregorio Magno en su Regla Pastoral que «todo maestro, para formar a todos debe llegar al corazón de los oyentes con una sola doctrina, es verdad, pero no con una misma exhortación. Porque de un modo se debe exhortar a los hombres y de otro a las mujeres. De un modo a los jóvenes y de otro a los ancianos. De un modo a los alegres y de otro a los tristes […] De un modo a los que lloran los pecados cometidos, pero con todo, no los dejan, y de otro a los que los dejan, pero no los lloran. De un modo a los que obran y aplauden lo ilícito y de otro a los que motejan los delitos, pero no los impiden. De un modo a los que son vencidos por una concupiscencia repentina y de otro a los que deliberadamente se entregan a la culpa».

Este párrafo me hizo recordar lo que el leí en el libro-entervista titulado “La sal de la tierra” que Peter Seewald escribió tras sus encuentros con el Cardenal Joseph Ratzinger. Una de las preguntas -una que siempre me intrigó por su respuesta- fue aquella de «¿Cuántos caminos existen para llegar a Dios?». El Cardenal Ratzinger responde de esta manera: «Tantos cuantos hombres hay sobre la tierra». ¡Wow!

Con esto, el entonces Cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe no defiende un relativismo que deja abierto cualquier doctrina para vivir la fe, sino que, dentro de una doctrina clara y certera como es nuestra fe católica, hay muchos modos de vivirla; después de todo, cada ser humano sobre esta tierra es distinto del otro. Recuerdo mucho aquel ejemplo, ya clásico, del que ve un vaso medio vacío o un vaso medio lleno, dependiendo de si se es positivo o negativo… se ve de modo diverso, aunque la realidad sea la misma.

En la vida de oración, sucede algo parecido. Para dialogar con Dios, existen métodos, formas de hacerlo, pero luego cada quien debe aplicar su propia forma, dependiendo de cómo es cada quien. En este sentido, el texto de San Gregorio Magno, cargado de ese realismo que tanto le caracterizaba, es paradigmático: la exhortación a ser mejor (a la santidad en definitiva) debe hacerse dependiendo de quién se tenga delante; la oración debe hacerse según las propias cualidades o defectos, resonancia espiritual, sensibilidad, etcétera.

Una conclusión lógica de este razonamiento es que la oración no es una camisa de fuerza basada en una metodología, de manera que si no cumplo ciertos pasos, no oro bien. Sí es necesario que al inicio de mi experiencia en la vida de oración uno se adhiera a una metodología. Pero ésta es como las andaderas para quien está empezando a caminar: poco a poco las va dejando para ser más libre, para correr, para, incluso, ganar los 100 metros lisos en una carrera.

¿Cuál es el mejor método para hacer oración? San Gregorio Magno nos responde: el tuyo. Y, para eso, es indispensable que te conozcas cómo eres, qué te atrae más para meditar, qué te ayuda o no te ayuda, etc. Y ahora que comenzamos la Cuaresma, qué buen momento para lanzarte a dialogar con ese Dios que desea hablar contigo de corazón a corazón. ¿Y si le das a Él la oportunidad ahora sí? ¡Mira que está tocando a tu puerta! ¡Ábrele!

EL AUTOR

Sacerdote Legionario de Cristo dedicado a la formación y orientación de la juventud saltillense, maestro en el Instituto Alpes Cumbres en Saltillo

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Juan Antonio Ruiz

Sacerdote Legionario de Cristo dedicado a la formación y orientación de la juventud saltillense, maestro en el Instituto Alpes-Cumbres en Saltillo.

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