TEMPORADA DE HURACANES

María Arquieta

Saludos, mi estimado lector. Esperando goce de salud en estos tiempos pandémicos, hoy le voy a recomendar un libro.

Hace ya un par de semanas “la emperatriz” (mi hermana) parecía tener el propósito de convencerme en hacer esta lectura, así que con la experiencia de que sus recomendaciones literarias son siempre un acierto, no dudé y comencé “Temporada de huracanes”, de Fernanda Melchor.

Si usted ha leído antes mis reseñas, sabe que no me gusta hacer spoilers ni entrar en detalles que le arruinen la experiencia, y esta ocasión no será la excepción. El libro está lleno de sensaciones. La historia en sí parece ser muy simple: personajes de esos que en un principio le serán indiferentes o quizá hasta un poco chocantes, porque definitivamente “nada que ver con nosotros”.

La historia tiene lugar y vida en uno de esos puebluchos que no se te pegan los nombres de tan pinches que están, los nombres y el pueblo. El primer capítulo ya te deja sentir que vas a estar incómodo.

La soltura con la que se tejen las situaciones más grotescas y violentas entre el Luismi o el Brando, la Norma o el Pepe, la Bruja o la Chabela te dejan un poco insensible para la mitad del libro. Aún así, sigues capítulo tras capítulo, tratando de descubrir cuál de los personajes es el “menos pior”, porque mientras sufres por la Norma, tienes la certeza que el Luismi tiene sus días contados.

La cuestión es que comienzas a reconocer patrones en las conductas de los susodichos, malos tratos, abusos, vejaciones… todo eso a lo que la sociedad mexicana no nos gusta ver y solo lo reconocemos en las “clases desprotegidas”, porque a la “gente bien” no nos pasa, y se preguntará usted: ¿Quién es la gente bien?, pues todos los que trabajamos para no estar jodidos, y todo eso que hacemos para dividirnos de aquellos que sí están jodidos nos ha costado tiempo y esfuerzo.

Por lo tanto, cualquier incidente que ponga en riesgo lo “ganado” pasa al closet de los “recuerdos culposos que si los niego no existen” y suelen venir acompañados de frases justificadoras como: total… solo pasó un par de veces, a mi comadre le fue peor… sí lo hizo, pero ya cambió… y la lista sigue.

Se me termina la página, mi estimado lector, y aún no le he dicho todo lo que opino, pero mejor le dejo a usted la tarea de leer, reflexionar y hacer cita con el psicólogo. La salud mental urge que se ponga de moda entre los jodidos” y “la gente bien” porque todos estamos para el manicomio y los que están pagando los platos rotos son los niños. Uno como sea, ¿pero las criaturas?, dirían por ahí… la infancia en México está de luto, y ya sea para un extremo o para el otro hay dolor, soledad, incertidumbre por exceso de atención o por la ausencia de ella. Cuídese mucho y aquí lo veo pronto, se despide su siempre agradecida tapatía anorteñada. 

María Arquieta

Tapatía viviendo la experiencia norteña, diseñadora de modas de profesión, amante de las expresiones humanas artísticas, coach ontológico, formándome para ver amor, donde los demás no lo creen posible.

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