SEÑALES

MARIANA CABELLO

Las señales de la vida, esas que quisiéramos que aparecieran justo cuando más las necesitamos, en medio de la confusión, de las dudas, de la angustia.

Le pedimos a Dios y al universo que se presenten, que nos brinden seguridad y la pauta para saber qué elegir, decidir qué camino tomar o hacia dónde ir.

“Mándame una señal para ver si esto es lo que necesito”, frase que externamos en medio de la duda, la tristeza o la angustia.

¿Dónde se encuentran? ¿Cómo las vemos? ¿Cómo podemos descifrarlas?

No siempre están a simple vista, pues no son muy claras. Está en cada uno de nosotros estar dispuestos a verlas, a escucharlas, a sentirlas. Abrir nuestros sentidos, observar y estar atentos a lo que pase a nuestro alrededor.

Las señales se hacen presentes de muchas formas en nuestra vida diaria, en lo ordinario, y también en situaciones extraordinarias. Solo es cuestión de creer y, ¿por qué no?, de crearlas.

Están en lo más simple y a la vez en lo más bello: en el dulce cantar de un pájaro, en un sediento colibrí, en las nubes blancas y aborregadas del cielo, en los fuertes soplidos del aire, en la fragilidad de la lluvia o en un brillante arcoíris.

En lo inesperado y en lo sorpresivo, en la canción que suena en la radio, en un ruido sin motivo, en las palabras de un desconocido o en la llamada imprevista de un lector.

En mi vida me he topado con distintas señales, las he visto presentarse de manera muy sutil, cuando mi corazón esta acelerado y mi mente confundida; también cuando me relajo, cuando mi mente no piensa en nada y está en blanco.

Las señales son un alivio para el presente y una puerta abierta para el futuro. Una oportunidad para ir por lo que deseamos, dejar ir lo que ya no necesitamos o continuar con lo planeado.

Hace un par de semanas, en mi mente rondaba la duda de si mis palabras y sentimientos llegaban a un destino específico o si se quedaban solamente en el aire, si era necesario tomar un descanso. Quizás ya había dicho todo lo que sentía mi corazón y era momento de dejar las letras por un tiempo.

Y entonces sucede algo inesperado: recibo una llamada a mi celular. Escucho la voz de una mujer que se presenta y me dice su nombre, me comenta que leyó mi columna, que le gustó mucho lo que escribí y que si podemos platicar un día por la tarde.

Aún no se concreta el plan, pero la invitación ya está y las ganas de conocerla también, de saber lo que tenemos en común y lo que podemos regalarnos la una a la otra.

Y entonces me di cuenta de que en ocasiones necesitamos un empujoncito real, una señal que nos conteste preguntas, que nos dé respuestas o nos haga sonreír y sentir satisfechos.

Que nos regalen un sonrisa y un apapacho para el alma.

Así que agradezco esa llamada y la pregunta que me encanta que me hagan y que es siempre una gran señal para continuar: “¿sigues escribiendo en el periódico?”
Sí, claro que sí.

La vida nos regala a menudo momentos mágicos, felices, coincidencias, personas que llegan en el momento preciso, como si fueran señales del camino que debemos seguir andando.

Mariana Cabello

Mujer apasionada por encontrar un propósito en la vida. Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Enamorada de las letras y del sentimiento que provoca el transmitir ideas, expresiones y conocimientos.

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