SALPICÓN: ESA RUBIA DEBILIDAD 1/2

SALPICON

La pandemia del virus chino vino a reafirmarnos en nuestra cara lo mal que nos alimentamos.

El virus se está cebando en personas con males mayores como el tener diabetes (la muerte dulce), los hipertensos, los mal alimentados que no tienen defensas, los que padecen de tabaquismo, alcoholismo, los obesos (aquellos que sólo se atiborran de fritangas y gaseosas). En fin, el coronavirus se está cebando en cualquier parte del mundo donde hay seres humanos como los arriba descritos.

Somos débiles ante esa rubia debilidad llamad azúcar. Por un tiempo me hice fanático y harto goloso de ese postre de otra galaxia, los “macarons.” Me hice obsesivo de estas galletas rellenas, postre almidonado y batido en azúcar. Pero, usted lo sabe, instalarse de tiempo completo al deglutir esta dieta a la cual somos afectos todos: al consumir gaseosas (ah, mi infaltable Coca-Cola), postres, chocolates, café o té endulzado, pasteles… aparejado con ello viene el mal del siglo XX y XXI en nuestro país, la obesidad y la temible diabetes. ¿Qué hacer? ¿Privarnos de semejantes creaciones culinarias que Dios nos ha mandado, o sucumbir embelesados ante la azúcar, esa rubia debilidad?

No lo sé. Usted como lector de quien esto escribe, tendrá su mejor opinión. Yo soy de la idea de que voy a morir (no he conocido aún alguien que tenga al menos 294 años de estar vivo). Y como voy a irme de minero, bajo tierra, aquí ya no va haber sal, azúcar, tragos, macarons, pastelillos, enchiladas y tampoco mi sopa de lentejas. ¿Qué hacer? Pues atacarme de esto ahora que estoy vivo. El mundo, señor lector, sólo existe cuando usted lo ve, lo come y lo siente (es la famosa teoría física de Karl Heinsenberg, “El principio de incertidumbre”, ¿Existe el mundo cuando no lo miras?). Nada me voy a llevar cuando me muera, salvo, dijo el trovador, un puño de tierra. 

¿Qué hacer entonces con la azúcar, esa rubia debilidad? No lo sé. Usted tiene su respuesta, pero yo la voy a disfrutar en dosis pequeñas mientras se pueda. En uno de los poemas de ese escritor ganador del Nobel de Literatura –hoy tan desprestigiado ya–, Seamus Heaney, éste deletrea y cuenta el episodio de un padre quien espera gozoso el regreso de la hija en su “habitación resplandeciente”, dispuestos están las “enormes tazas, muy blancas/ juego completo, azucarera y jarra./ Sándwiches. Y la tetera silbaba.” La azúcar es una especia irresistible en la historia de la humanidad. A finales del siglo XV en Europa, los libros de cocina de Italia y Portugal, por ejemplo, en dos tercios de dichas recetas que se conocen, incluían el azúcar como especia a utilizar. Y es que en aquel entonces la azúcar o la miel no sólo se empleaban para golosinas y dulces, sino para cualquier tipo de carne o platillo preparado, como es el caso del llamado “manjar blanco.”

Lo anterior se lee en “Dulzura y poder. El lugar del azúcar en la historia moderna.” De la autoría de Sidney Mintz para editorial Siglo XXI. ¿Cuándo dejó de ser la azúcar fundamental para nuestro crecimiento, vigor y poderío y se convirtió en un mal al cual hay que evitar de nuestros alimentos como una peste? No lo sé. Pero en la antigüedad, Dioscórides y Galeno atribuyen a la azúcar numerosas propiedades saludables y claro, medicinales. La azúcar se afirma en sus tratados que luego transmitieron a los musulmanes, es buena para la digestión y para los pulmones, es diurética, tonifica el cuerpo y el alma y limpia la sangre… caramba, eso se pensaba. 

Un tratado nazarí del siglo XV dice así de sus propiedades: “Es de naturaleza equilibrada, con tendencia al calor, pero no produce sed como la miel…”  

Jesús R. Cedillo
Jesús R. Cedillo

Columna: Contraesquina / Salpicón Jesús R. Cedillo nació en Saltillo, Coahuila en 1965. Escritor y periodista. Ha publicado en los principales diarios y revistas de la república Mexicana. Ha publicado varios libros de poemas entre ellos: Sometimiento al relámpago (CNCA. Con dos ediciones, 1993 y 2001) y Alabanza de los frutos (Verdehalago, 2000). Ha obtenido siete Premios de Periodismo cultural de la UA de C en diversos géneros periodísticos. Su trabajo ensayístico está antologado en volúmenes editados en la capital de la república. Actualmente tiene en preparación el volumen de ensayos: Las formas del fuego y el libro de poemas, El Libro de los Reinos. Se dedica al periodismo y la literatura de tiempo completo. Cursa estudios de teología.

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