PRÉSTAME TUS OJOS

PADRE JUAN

Leí de ella en un periódico italiano hace tiempo, y no me puedo contener a platicárselos. Se trata de Laura Bianchi, exdrogadicta de 33 años, italiana, con ojos muy sanos. No me refiero a los ojos corporales, sino a los del alma, porque hay algunos que necesitamos “lentes espirituales” con más de 15 dioptrías para saber apreciar la vida.

Laura, después de una lucha tenaz, dejó la triste dependencia de la droga. Cómo entró en ese mundo, no lo sabemos. Lo importante es que la tenemos de vuelta.

Para construirse una vida, tuvo que comenzar por buscar trabajo. Lleva cinco años en una condición precaria. Sus contratos laborales sólo duran seis meses y después los tiene que renovar, con toda la angustia que ello supone. La compañía no le ofrece un puesto más estable, en parte por su pasado de tóxico dependiente.

Para mi sorpresa, Laura comenta así su situación: «No puedo hacer otra cosa que agradecer a quien me ha dado esta posibilidad. Ciertamente, estaría más tranquila con un contrato a tiempo indefinido, pero sé perfectamente que la empresa no puede correr el riesgo de tomarme como empleada fija. Quien trabaja en el mostrador siempre está en vilo. Si hay trabajo, trabajo. Si la empresa no tiene trabajo, tampoco yo puedo pretenderlo».

Y añade con sencillez: «hasta ahora, quitando algún mes que me quedé sin trabajar, me ha ido bastante bien. Soy una exdrogadicta y aquí he encontrado personas que han confiado en mí. Confianza en una exadicta no es algo tan común». El entrevistador insiste: «tienes razón, Laura, pero de cualquier modo, sigues en una situación precaria». Respuesta: «Te equivocas. Antes sí que era precaria».

Dejemos de lado por un momento el problema de la justicia laboral. En Laura, llama la atención la lúcida aceptación de sí misma, de sus límites y cualidades; llama la atención su capacidad para descubrir lo bueno que hay en la vida y en quienes la rodean: “aquí he encontrado personas que han confiado en mí”. ¡Qué buena vista! Debe tener muy buen oculista.

Como es obvio, no se trata de optar por el conformismo o la mediocridad. Es simple realismo, o mejor, humildad. Por desgracia, a veces nos cuesta aceptar nuestros límites y soñamos con metas que objetivamente no son para nosotros. Espíritu de superación, sí; espíritu emprendedor, también; pero siempre, apego a la realidad.

Recuerdo en este sentido una oración que escuché hace tiempo: «ayúdame, Señor, a cambiar lo que debo cambiar; a aceptar lo que no puedo cambiar; y a distinguir una cosa y otra».

Posiblemente, si Laura Bianchi, exdrogadicta de 33 años, italiana, tuviera contacto con muchos de nosotros, envidiaría nuestra buena fortuna. Y nosotros, con un poco de vergüenza, le diríamos: «por favor, préstame tus ojos».

Juan Antonio Ruiz

Sacerdote Legionario de Cristo dedicado a la formación y orientación de la juventud saltillense, maestro en el Instituto Alpes-Cumbres en Saltillo.

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