NUEVAS LECTURAS EN CLAVE GASTRONÓMICA

Atentos lectores como usted que hoy me favorece con su lectura dominical, me han hecho llegar diversos fragmentos de sus autores favoritos, fragmentos de libros que sí, tienen que ver con la gastronomía, con la comida y la bebida. Y es que todo, todo tiene que ver de una u otra manera con la comida y la bebida. Somos lo que comemos. Y leer o releer a nuestros autores favoritos en clave gastronómica (ir subrayando aquello que tiene que ver con nuestro motivo dominical) es tarea grata y placentera, amén de instructiva. Le voy a presentar en esta serie de entregas, varios párrafos que electores han mandado a este escritor. Pero antes, le presento dos o tres fragmentos de versos y poemas de del Nobel mexicano Octavio Paz.

Y es que usted pensaría que un intelectual de tal talla y seriedad, el que fue dueño de una inteligencia preclara y animador de un sinfín de tertulias y disputas literarias y políticas, pues no tendría referencia alguna a tema digamos, trivial, como lo es la comida. Pues nada más alejado de la realidad. Sus poemas rebosan de ello, de explorar la vena gastronómica. Máxime que usted lo sabe, Octavio Paz fue un trotamundos y conoció casi todo el mundo. Le estoy preparando un tríptico al respecto, pero mientras tanto, va una especie de trotamundos de sus referencias a la comida en sus versos.

El siguiente texto es un poema del libro “Ladera Este”, se titula “Canción mexicana”:
Mi abuelo, al tomar el café, Me hablaba de Juárez y de Porfirio, Los zuavos y los plateados.
Y el mantel olía a pólvora.

Mi padre, al tomar la copa, Me hablaba de Zapata y de Villa, Soto y Gama y los Flores Magón. Y el mantel olía a pólvora.

Yo me quedo callado: ¿De quién podría hablar?

Los siguientes versos son fragmentos del poema “Viento entero”: “…. / Un adolescente de ojos verdes/ te regaló una granada/ Al otro lado del AmuDarya/ humeaban las casitas rusas/ El son de la fl auta uzbek/ era otro río invisible y más puro/ En la barcaza
el batelero estrangulaba pollos/ …” Vea usted que lejos amén de ser líneas poéticas, también nos cuentan y deletrean momentos, instantes e imágenes, que al final de cuentas, hacen de estos textos, verdadera poesía. Remito al lector a leer los textos completos en el libro antes citado. Y es que en estas últimas líneas aunque se “ve” el plano donde se emparientan los alimentos (un café, una buen vino, una granada, un pollo) con la utilería (una copa, un mantel, la barcaza), siempre nos queda el sabor de seguir leyendo más y adivinar no sólo en sus palabras, sino en sus silencios y espacios en blanco, eso llamado poesía. El temblor de la poesía…

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