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/ 30 agosto 2026

UN RESPIRO EN CALMA...

Un verano en Bucerías se convirtió en una pausa para disfrutar en familia, mirar los cambios de la vida con calma y descubrir que también crecer significa aprender a soltar.

Qué bonitas son las vacaciones. Siempre digo eso cuando vuelvo de un viaje o cuando los hijos entran a la escuela.

Pareciera que en ellas todos crecemos, todos aprendemos y todos cambiamos.

Obviamente, en los niños y adolescentes se nota más, pero estoy segura de que nosotros, como adultos, también lo hacemos.

Esta vez, para mí, el verano fue un respiro en calma, como lo es la playa de Bucerías.

Con mi familia; papás, hermanas, sobrinos e hija fuimos a conocer un lugarcito en la Riviera Nayarit donde el sol, el mar y la vibra brillan por su belleza y simplicidad.No hay resorts de lujo ni bufetes con grandes cantidades de comida. Tampoco infinidad de amenidades, sin embargo, disfrutamos justo de lo contrario: de las caminatas hacia la playa, del cafecito local y de los mariscos frescos. De no tener itinerario ni prisa por conocer más.

Fueron suficientes los días para respirar la calma del Pacífico, sentarnos bajo la sombrilla y simplemente mirar hacia el mar.Las olas, la playa y el mar nos regalaron justo lo que queríamos; tiempo. Tiempo para hacer mucho y nada a la vez, para estar ahí, presentes, sintiendo cómo el calor te invita, sí o sí, a meterte al mar y experimentar lo poderoso y magnético que es.

Sentí que el verano transcurrió muy deprisa, pero que dentro de él se vivieron varias vidas y no hablo de lo mucho o poco que hice, sino de lo rápido que todo cambia.

Por un lado, me sorprende lo grande que se ha vuelto mi hija. En ella veo los recuerdos de aquellos veranos que yo, en su momento, también viví y por primera vez sentí ese famoso “nido vacío” del que tanto platican. Quizás por eso salir en familia también sostiene. Nos sostiene de todo aquello que cada uno va cargando, porque por unos días los cambios se olvidan un poquito. Nos encontramos en lo sencillo; en un picnic frente al mar, una caminata con el atardecer de fondo o una siesta sin alarma.

Por eso siempre hay que encontrar qué hacer en verano. Buscar esas actividades que algún día se conviertan en memorias y romantizar cada uno de los planes.

Gracias, verano 2026, porque se sintió muy distinto al del año pasado. Lo gocé al doble: sintiéndolo mío, pero también mirándolo a través de los ojos de alguien más, de ella.Me emocionan sus planes, me emociona verla hacer su vida, construir sus propios recuerdos y descubrir el mundo a su manera. Quizás eso también sea crecer: aprender a soltar un poquito mientras seguimos caminando juntas.

Y qué bonito que, entre sus recuerdos y los míos, este verano nos haya encontrado en una playita de Bucerías, frente al Pacífico, respirando en calma, recargándonos nuevamente de energía y agradeciendo profundamente lo que hoy tenemos.

Porque al final, quizá eso sean las vacaciones; una pausa para mirar alrededor, reconocer lo afortunados que somos y volver a casa con el corazón lleno.

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