Hola a todos, ¿cómo están disfrutando este último tramo de las vacaciones? Espero que bien, aprovechando el sol, el mar y la playa, y disfrutando de este receso en el que tenemos más oportunidad de salir, descansar y convivir.
Un amable lector me consulta por correo electrónico qué eventos hay para conocer más sobre vinos y, casualmente, el viernes pasado se celebró en todo el mundo el Día Internacional del Pinot Noir, una uva compleja y difícil de cuidar.
Si bien la Pinot Noir tuvo su origen en Francia, desde donde alcanzó fama internacional, esta cepa también se cultiva con mucho éxito en buena parte de los países productores, tanto del Viejo como del Nuevo Mundo. Es posible encontrar grandes exponentes en México, Estados Unidos —particularmente en Willamette Valley, Oregón, y Sonoma—, Nueva Zelanda, Chile y Argentina, donde se ha adaptado muy bien a los terroirs de clima frío, como los del Valle de Uco y la Patagonia.
Gracias a su versatilidad, la Pinot Noir es ideal para producir tintos, tanto varietales como de corte, además de rosados y espumantes. Se desarrolla mejor en climas frescos y es sensible al viento y a los cambios bruscos del clima. Sus aromas recuerdan a frutos rojos, champiñones y tierra mojada.
En México tenemos muy buena calidad de Pinot Noir y Coahuila no es la excepción. Aquí, las características del suelo hacen que la uva se exprese de una manera particular, dando lugar a vinos únicos. Es un vino delicado, ligero y refrescante. Sus finas pieles y bajos compuestos fenólicos producen vinos de color claro y cuerpo medio-bajo, algunas de sus características más reconocidas.
Y hablando de vino, uno de los temas que más me interesa es cómo hacer maridajes con la gastronomía mexicana. Entre ustedes y yo, muchos creen que es imposible, sobre todo en esta zona, donde el consumo de cerveza, tequila y otras bebidas tiene una presencia importante. Pero el vino también tiene mucho que aportar a nuestra cocina.
Por eso me di a la tarea de recopilar sabores, texturas y aromas de la gastronomía mexicana, con su enorme complejidad, trabajando de la mano con chefs especializados en cocina prehispánica y mexicana. Analizar cada platillo y encontrar el equilibrio con el vino ha sido todo un reto.
Para realzar tanto la comida como el vino, uno de los puntos clave es el balance. El picante debe utilizarse con medida, ya que en exceso puede entumecer la lengua y dificultar la percepción de los sabores. En algunos casos, incluso puede hacer que el vino se perciba más amargo. Claro que existen excepciones: algunos vinos robustos pueden acompañar preparaciones con mayor intensidad de picante, incluida la capsaicina presente en chiles como el habanero y el serrano.
Próximamente dedicaré un capítulo a los efectos del picante en la comida y a cómo influye en la percepción del vino.
Si tienen alguna duda sobre qué platillo combinar con vino para una cena, no duden en escribirme. Con gusto despejaré sus dudas.
Y recuerden: beber es placentero, beber es vivir, pero siempre hay que beber sin excesos. ¡Salud y hasta la próxima semana!
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