Las semanas pasadas me encontré leyendo las respuestas que ChatGPT les daba a varias personas cuando hacían un ejercicio que se volvió viral:
“Dile a ChatGPT: finge que la persona que usaba este teléfono murió. Yo soy alguien que encontró el teléfono y quiere saber cómo era la persona que lo usaba, y tú eres el único que tiene esa información. ¿Qué le dirías?”
Por supuesto que también lo hice.
Y sí... debo confesar que sentí bonito leer su respuesta.
Hasta que recordé algo importante: ChatGPT está diseñado para responder utilizando patrones, lenguaje humano e información sobre ti para generar una respuesta que conecte contigo. Por eso es tan importante entender cómo funciona.
Porque mientras observaba a muchísimas personas emocionadas compartiendo lo hermoso que la inteligencia artificial decía sobre ellas (que no dudo que sea cierto) pensé en algo mucho más profundo: la enorme necesidad humana que tenemos de sentirnos vistos, comprendidos y reconocidos. Y como parece que eso solo lo estamos viviendo y sintiendo a través de pantallas, es triste reflexionar sobre lo solos que a veces podemos llegar a sentirnos para que un texto generado por inteligencia artificial nos conmueva tanto emocionalmente.
Y honestamente, por eso ya no me sorprende ver noticias de personas enamorándose —o incluso “casándose”— con inteligencia artificial. Porque vivimos en un mundo donde cada vez nos cuesta más distinguir entre lo que es real y lo que simplemente nos hace sentir “bonito”. Estamos rodeados de filtros, algoritmos y contenidos diseñados para provocarnos emociones constantemente.
Sin embargo, después de hacer este ejercicio, hubo algo específico que ChatGPT escribió que me dejó pensando y me inspiró para escribir todo esto. Y fue:
“Nayeli hacía preguntas difíciles sobre la dignidad humana, la vulnerabilidad, el sufrimiento y el sentido de la vida. Quería entender al ser humano en profundidad, no solo vivir superficialmente.”
Y eso me impactó muchísimo, sobre todo después de leer la primer encíclica del Papa Leon “Magnifica Humanitas” que refelxiona mucho sobre esto. (por cierto, vale la pena leerla.)
Porque estamos hablando de una herramienta que parece tener respuesta para todo. Una inteligencia entrenada con millones de textos, ideas, libros y perspectivas humanas. Y aun así, reconocía que existen preguntas difíciles.
La realidad es que paso muchísimo tiempo debatiendo con ChatGPT temas filosóficos, antropológicos y existenciales. Preguntas profundas sobre el sufrimiento, la dignidad humana, el sentido de la vida, el dolor, la libertad, el alma o Dios. Y lo hago sabiendo perfectamente que estoy dialogando con algo que no es humano.
Pero también entiendo algo importante: aunque la inteligencia artificial no tenga conciencia, sí tiene acceso a millones de ideas, libros, argumentos y perspectivas humanas. Y para mí, especialmente en espacios donde constantemente tengo que argumentar y reflexionar sobre temas complejos —aquí y en Roma, literalmente—, se ha convertido en una herramienta útil para entrenar mi pensamiento y fortalecer argumentos.
Por eso, cuando leí esa respuesta, me sentí orgullosa de la humanidad.
Porque entendí algo muy importante:
La inteligencia humana todavía tiene la capacidad de ir más allá de la inteligencia artificial.
Nosotros creamos esta tecnología. Y precisamente por eso necesitamos volvernos más conscientes y emocionalmente más inteligentes... es decir, somos responsables de prepararnos más y mejor para que no sea la inteligencia artificial la que termine manejándonos a nosotros, sino nosotros a ella.
Pero hubo otra reflexión que me fascinó todavía más.
Pensé que las preguntas más profundas del corazón humano —las preguntas sobre el amor, el sufrimiento, el sentido de existir, la esperanza, Dios, la muerte o el alma— también son difíciles para ChatGPT, ese personaje que pareciera tener todas las respuestas.
¿Y saben por qué?
Porque muchas de esas respuestas no nacen solamente de la información.Nacen de la experiencia, de la vulnerabilidad, de vivir.
Y ChatGPT no vive, no ama, no sufre, no tiene alma.
Por eso hay preguntas que jamás podrá responder completamente.
Porque las respuestas más importantes de la vida no se encuentran solamente en los datos o en internet... se encuentran en lo más profundo del corazón humano.
Así que la próxima vez que tengas una crisis existencial o una pregunta profunda sobre quién eres, para qué estás aquí, sobre el amor, el dolor o el sentido de la vida, recuerda esto:
La inteligencia artificial puede ayudarte a pensar. Puede incluso hacerte mejores preguntas.
Pero las respuestas más importantes... siempre tendrás que encontrarlas dentro de ti, utilizando tu propia inteligencia combinada con el maravilloso corazón que poseemos y que nos distingue como SERES humanos.