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/ 14 junio 2026

HAZ ALGO TAN GRANDE QUE LA VIDA TENGA QUE RESPONDER

A veces el mayor riesgo no es cambiar de rumbo, sino quedarse exactamente en el mismo lugar esperando certezas.

Todos hemos visto a esa persona.

La que sube a una piedra alta junto al río.

Mira hacia abajo.

Da un paso.

Retrocede.

Vuelve a acercarse.

Dice:

“Una, dos, tres...”

Y no salta.

Tal vez hemos sido esa persona.

Porque la parte más difícil casi nunca es el agua.

Es el momento antes de saltar.

Existe un principio físico que dice que por cada acción hay una reacción.

Quizá la vida no siga las leyes de la física.

Pero a veces parece rimar con ellas.

Si haces movimientos pequeños, normalmente obtienes reacciones pequeñas.

Y cuando haces algo que altera tu trayectoria, muchas veces también alteras lo que vuelve hacia ti.

Ed Sheeran pasó años durmiendo en sofás prestados, estaciones y lugares improvisados mientras intentaba abrirse camino.

Sabía que tenía talento, pero el talento rara vez sirve de mucho si permanece inmóvil.

Usó sus últimos ahorros para volar a Los Ángeles.

No porque estuviera seguro.

Sino porque quedarse exactamente donde estaba dejó de tener sentido.

Cantó en un pequeño bar.

Alguien lo escuchó.

Ese viaje fue su salto.

Años después, sería escuchado por millones de personas alrededor del mundo.

Bob Dylan hizo algo parecido.

Escuchó que uno de sus ídolos estaba enfermo en un hospital de Nueva York.

Tomó el poco dinero que tenía y fue.

No por estrategia.

No porque supiera lo que ocurriría después.

Simplemente sintió que tenía que animarlo cantándole en el hospital.

Ese viaje fue su salto.

Y lo que comenzó como un impulso terminaría convirtiéndolo en una de las figuras más influyentes de toda una generación.

Muchas veces pensamos que el riesgo está únicamente en saltar.

Pero pocas veces pensamos en el riesgo de permanecer en la orilla.

Y claro.

No todos los saltos terminan como imaginábamos.

Pero incluso cuando no salen bien, rara vez regresamos siendo la misma persona.

Descubrimos capacidades que jamás habríamos descubierto quedándonos arriba de la piedra.

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