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/ 6 septiembre 2026

MARTÍN MADRIGAL: GUITARRA CON SELLO INTERNACIONAL

Tras tres décadas de impulsar la guitarra desde Saltillo, Martín Madrigal recibe en España un reconocimiento por su trayectoria y por el Festival Internacional de Guitarra de México.

Hay reconocimientos que llegan como una pausa. Después de 45 años como concertista y tres décadas de llevar la guitarra a escenarios de México y el mundo, Martín Madrigal volvió la mirada hacia el camino recorrido. En mayo, en Madrid, recibió dos distinciones por su trayectoria artística y por el Festival Internacional de Guitarra de México, un proyecto que comenzó en 1996 como una necesidad: que los jóvenes guitarristas no tuvieran que salir del país para acercarse a lo que ocurría en el mundo.

$!Para Madrigal, la disciplina, el estudio y el amor por la guitarra han sido fundamentales para sostener su carrera y el festival.

“Para mí fue una gran satisfacción realmente recibir un par de reconocimientos que me hicieron en Madrid”, cuenta. Pero hubo algo más en ese momento: representar a Coahuila en una ciudad donde la guitarra forma parte de su identidad musical.

$!El guitarrista recibió en Madrid dos reconocimientos por su trayectoria artística y por el festival que fundó en 1996.

El reconocimiento llegó justo cuando el festival cumple 30 años. Madrigal recuerda que, cuando era estudiante, tenía que viajar a La Habana, Puerto Rico o Europa para tomar cursos y asistir a festivales. Entonces se preguntó por qué no podía existir algo similar aquí.

“¿Por qué nosotros no tenemos un festival de esta naturaleza que pueda ofrecer y que pueda enriquecer la vida cultural y profesional de nuestros jóvenes guitarristas?”, pensó. En 1996 organizó la primera edición, entonces como Festival Internacional de Guitarra del Noreste. Veinte años después, el crecimiento del encuentro llevó a cambiarle el nombre por Festival Internacional de Guitarra de México.

El trabajo no ha sido sencillo. Madrigal habla de años de tocar puertas, conseguir recursos y sostener un proyecto que necesitaba del respaldo de instituciones públicas y de la iniciativa privada. El resultado, sin embargo, le dio una de las sorpresas más importantes de su trayectoria: en una reunión de promotores culturales en Belgrado descubrió que el festival aparecía en el quinto lugar entre los encuentros de guitarra más importantes del mundo.

“Valió la pena todo este trabajo arduo”, dice. “Porque sí es un trabajo tremendo recaudar y picar piedra tantos años”.

$!Durante tres décadas, el festival ha acercado a Saltillo a guitarristas y músicos de distintas partes del mundo.

Una ventana al mundo

Si tuviera que resumir estas tres décadas en una sola idea, Madrigal no habla de premios ni de cifras. Habla de su instrumento: “El amor a mi guitarra”.

Ese amor lo llevó a continuar estudiando, a realizar un posgrado en Sevilla y a buscar una manera de traer a Saltillo lo que estaba ocurriendo en otras partes del mundo. Por el festival han pasado guitarristas como John Williams, Leo Brouwer, Costas Cotsiolis, Pavel Steidl, Zoran Dukić y Kazuhito Yamashita.

Pero el encuentro no se quedó en los conciertos. Hay clases magistrales, conferencias, talleres, concursos y espacios dedicados a la reparación y mantenimiento de los instrumentos. También se han incorporado otras expresiones musicales: flamenco, jazz, música popular y folklore.

Para Madrigal, esa parte académica es fundamental. El objetivo siempre ha sido ofrecer una formación que vaya más allá de las aulas y permita a los jóvenes conocer otras posibilidades para su instrumento. “Si bien no pueden ir, pues aquí se lo traemos”, resume.

El concurso nacional de guitarra, que este año llegó a su edición 12, forma parte de esa apuesta. Madrigal destaca que varios de los jóvenes que han obtenido los primeros lugares hoy trabajan en el extranjero, en conservatorios o como concertistas.

La intención, dice, es que el festival funcione como una ventana: “Que se asomen y vean qué hay en Europa, qué hay en todos los continentes. Cómo se ve la guitarra en otras partes”.

También hay una preocupación por formar públicos. Antes de cada concierto procura que los intérpretes expliquen qué van a tocar, de qué época es la obra y cuál es su estilo. “Ese es un objetivo que yo me he trazado precisamente: crear públicos para los nuevos repertorios guitarrísticos”.

$!Martín Madrigal ha dedicado 45 años al concertismo y tres décadas a impulsar el Festival Internacional de Guitarra de México.

El reconocimiento de Rodrigo

En Madrid ocurrió otro de los momentos que más lo conmovieron. Madrigal recibió un reconocimiento en la casa de Joaquín Rodrigo, en el mismo estudio donde el compositor trabajaba, de manos de su hija, Cecilia Rodrigo.

“Imagínese estar en la casa del maestro Joaquín Rodrigo, en su estudio donde él componía sus obras, fue verdaderamente muy emocionante”.

La escena tenía un significado especial. Durante estos 30 años, la música de Rodrigo ha estado presente en el festival, desde el Concierto de Aranjuez hasta otras obras para guitarra.

Madrigal pudo conocer el piano, las herramientas de trabajo y la manera en que el compositor, quien perdió la vista durante su infancia, construía sus obras con ayuda de su asistente.

La distinción también tuvo un significado particular porque, según le dijo Cecilia Rodrigo, nunca antes habían entregado un reconocimiento de ese tipo a la labor de un guitarrista y a un proyecto como el festival.

“Lo comparto con todo Coahuila porque ahí se hace presente que un coahuilense esté representando”, afirma, y enseguida aclara: “Lo digo con humildad, no lo digo con presunción”.

$!Martín Madrigal ha dedicado 45 años al concertismo y tres décadas a impulsar el Festival Internacional de Guitarra de México.

La disciplina detrás del escenario

Sostener el festival durante 30 años ha sido apenas una parte de la tarea. Madrigal ha tenido que repartir su tiempo entre el instrumento, la docencia, los conciertos y su familia.

Para mantener su nivel como concertista necesita estudiar entre cuatro y cinco horas diarias. Durante 33 años fue maestro de guitarra en la Escuela Superior de Música de la Universidad Autónoma de Coahuila. A eso se sumaron las responsabilidades de ser padre, esposo y organizador de un festival internacional.

Su solución fue convertir la disciplina en una rutina casi escrita al minuto. “Yo escribo todo un cronograma de mi estudio y de lo que tengo que hacer”, explica. Así sabe si va tarde al estudio, a una clase o a cualquier otra actividad.

No habla de una fórmula secreta. Habla de organización, respeto por su profesión y amor por la guitarra.

Lo que sigue

A los 30 años del festival y después de los reconocimientos recibidos en España, Madrigal no parece interesado en detenerse. Ya trabaja en la próxima edición y tiene en puerta nuevos invitados, aunque prefiere no revelar nombres hasta tenerlos confirmados.

También busca fortalecer la preparación física de los guitarristas. La idea es ofrecer un espacio especializado para que los jóvenes aprendan a trabajar mejor sus músculos y su cuerpo, y puedan estudiar menos horas, pero con mayor calidad.

Reconoce que las nuevas generaciones tienen acceso inmediato a los grandes intérpretes a través de Internet. Pueden buscar un video de John Williams en segundos. Pero, para él, nada sustituye la experiencia de tener al artista frente a frente.

“No es lo mismo estar viendo un video que tener al artista en vivo y decirles todos esos consejos que necesitan”.

Cuando mira hacia aquel hombre que hace 30 años decidió crear el festival, Madrigal no le daría un consejo distinto. Le reconocería el esfuerzo.

“No es fácil llevar 30 años un festival de esta naturaleza”, dice. Y recuerda que aquel proyecto se sostuvo con profesionalismo, esfuerzo y la decisión de seguir tocando puertas.

$!Madrigal recibió una distinción en la casa de Joaquín Rodrigo, de manos de Cecilia Rodrigo.

Hoy, después de cuatro décadas y media como concertista, el propósito sigue siendo parecido al del principio: que un joven con talento tenga la oportunidad de mirar más allá de su aula y descubrir hasta dónde puede llevarlo su instrumento.

“Hay mucha gente, créame, que se ha perdido y con un gran talento, esa gente muy talentosa, pero se ha perdido porque no han podido ir más allá”.

Para Madrigal, ahí está la razón de seguir. Que Saltillo sea el lugar al que llegan los grandes maestros, pero también el lugar desde donde los jóvenes puedan comenzar su propio camino.

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