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/ 21 junio 2026

DE TAL PADRE, TAL PASIÓN

Cinco historias donde el ejemplo de un padre sembró una pasión que hoy sigue creciendo en la siguiente generación.

Hay enseñanzas que no se aprenden en un salón de clases. Se transmiten entre conversaciones, jornadas compartidas, ejemplo y tiempo. En estas historias, cinco padres heredaron mucho más que un oficio o un deporte: compartieron con sus hijos una forma de entender la vida, construir sueños y perseguir metas que hoy siguen uniendo generaciones.

Juan Ramón Cárdenas Cantú y Rodrigo Cárdenas Garza

$!Una pasión nacida en la cocina y fortalecida por generaciones.

Entre fogones y enseñanzas

En la familia Cárdenas, la pasión por la cocina no se heredó como una receta, sino como una forma de vivir. Juan Ramón Cárdenas Cantú creció entre el aroma de las tortillas de harina que hacía su madre, los buñuelos de sus abuelas y las enseñanzas de su padre, don Braulio, quien le transmitió el respeto por el cabrito y el valor del trabajo bien hecho. Con los años convirtió esas raíces en una de las historias gastronómicas más reconocidas del norte del país, y hoy esa misma visión encuentra continuidad en Rodrigo Cárdenas Garza. Padre e hijo comparten mucho más que una profesión: comparten la convicción de que cocinar es recibir, cuidar y crear momentos alrededor de una mesa.

José Dibildox Núñez, Mónica y José Dibildox Hassaf

Unidos por el golf

En la historia de los Dibildox Hassaf, el golf es mucho más que un deporte: es el lazo que une generaciones. José Dibildox Núñez transmitió a sus hijos, Mónica y José, el amor por los campos, la disciplina del entrenamiento y la pasión por perseguir metas de largo plazo. Desde pequeños crecieron acompañándolo en torneos y recorriendo fairways que terminaron por convertirse en parte de su vida. Hoy ambos acumulan logros deportivos, han obtenido becas universitarias en Estados Unidos y avanzan con paso firme hacia el profesionalismo. Detrás de cada triunfo reconocen la misma figura: la de un padre que les enseñó con el ejemplo. Más allá de trofeos y reconocimientos, comparten una herencia forjada con tiempo, constancia y amor por el golf. Legado familiar vigente.

David y Adriana María Alonso

Donde galopa el legado

Para Adriana María Alonso, los caballos nunca fueron una afición pasajera, sino parte de su vida desde la infancia. Siguiendo los pasos de su padre, el reconocido jinete David Alonso, encontró en el mundo ecuestre un espacio donde crecer, aprender y construir su propia identidad. Entre corrales, entrenamientos y largas jornadas en el rancho Brío Natural, heredó no solo el amor por los caballos, sino también una filosofía basada en el respeto y la conexión con ellos. Hoy, mientras abre su propio camino como entrenadora, conferencista y referente en redes sociales, mantiene vivo el legado que comenzó junto a su padre, demostrando que algunas pasiones se transmiten de generación en generación, a fuerza de ejemplo, confianza y tiempo compartido.

Víctor Mohamar Abugaber y sus hijos, Víctor y Alberto Mohamar Servín

$!Los mejores cimientos se construyen con ejemplo y confianza.

Construir desde el ejemplo

En la familia Mohamar, el legado no se mide solo en empresas o desarrollos, sino en el ejemplo. Víctor Mohamar Abugaber construyó su historia a partir del trabajo, la disciplina y la capacidad de reinventarse ante la adversidad, valores que transmitió a sus hijos Víctor y Alberto desde temprana edad. Detrás de la imagen de empresario firme, ellos descubrieron también a un padre sensible, cercano y profundamente comprometido con su familia. Hoy, padre e hijos comparten la responsabilidad de impulsar Grupo DAVISA, continuando una visión que comenzó generaciones atrás. Más que una empresa, han construido una historia familiar donde la confianza, el esfuerzo y el aprendizaje mutuo siguen siendo los cimientos más sólidos.

Javier Díaz González y Javier Díaz López

$!De una primera brazada a un sueño olímpico compartido.

Siguiendo la misma corriente

Algunas historias comienzan con una enseñanza sencilla. A los tres años, Javier Díaz López aprendió de su padre a flotar y sentirse seguro en el agua; sin saberlo, también estaba dando las primeras brazadas de un camino que lo llevaría a convertirse en campeón internacional, ganador del Premio Estatal del Deporte y una de las grandes promesas de la natación mexicana. Siguiendo el ejemplo de Javier Díaz González, olímpico en Sídney 2000 y Atenas 2004, encontró en la disciplina, el sacrificio y la constancia una forma de perseguir sus sueños. Cada entrenamiento y cada competencia tienen un propósito mayor: representar a México en unos Juegos Olímpicos. Padre e hijo comparten mucho más que una pasión por la natación; comparten la convicción de que los grandes objetivos se alcanzan con trabajo diario, perseverancia y la confianza de saber que alguien abrió el camino antes que tú.

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