Especiales
/ 26 abril 2026

CELEBRAN EL DÍA DEL NIÑO SOBRE EL ESCENARIO

En “Mamma Mia!”, los niños descubren sus voces, vencen el miedo y encuentran en el teatro un espacio para crecer.

LOCACIÓN: TEATRO DE LA CIUDAD FERNANDO SOLER

En el escenario, antes de que suene la música, hay algo que no se ensaya: el momento en que un niño deja atrás sus miedos. En el marco del Día del Niño, ese instante cobra otro sentido. En el musical “Mamma Mia!”, producido por ATM Broadway Saltillo, se repite en cada función. No importa la edad, ni el papel.

Elsa Villarreal Saucedo, de 12 años, lo explica desde su experiencia como Donna Shelly: “Ver cómo la gente actuaba... cómo interpretan el papel, cómo bailan y cantan” fue lo que la llevó a querer estar ahí. Hoy, para ella, actuar “se siente muy bonito... como si fuera un regalo”.

$!En escena, los niños encuentran un espacio para ser ellos mismos y disfrutar el proceso.

Perder el miedo

Sin embargo, no todos llegan con esa seguridad. Ana Sofía López Velázquez, de 9 años, lo vive distinto. Antes de salir al escenario, los nervios aparecen: “No quería que se me olvidaran las palabras... pero al final ya todo salió bien”. Ese tránsito, el que va del miedo a la confianza, es parte del proceso.

Para Humberto Casas, director artístico del montaje, ese cambio es evidente: “La mayoría de los niños llegan tímidos... y ahí desarrollan seguridad”. Lo que empieza como juego termina por convertirse en una transformación visible. “Es muy interesante ver a un niño al inicio del montaje y después observar el ‘monstruo’ escénico en el que se convierte”.

$!Detrás de cada función hay ensayo, constancia y el acompañamiento de sus familias.

El escenario, entonces, no solo muestra talento: lo construye. Miguel Ángel Ramírez Menchaca, de 11 años, recuerda su primera obra como algo completamente nuevo. “Era mi primera obra... pero estuvo muy bien”. Hoy, lo que más disfruta es ver el resultado: “Cuando ya queda todo y queda bien, se ve muy padre”.

Esa satisfacción también se construye en equipo. Enrique Díaz Barriga Benítez, de 12 años, lo resume: “Si nos sincronizamos y nos concentramos... lo podemos llegar a hacer muy bien”. En escena, nadie está solo.

$!El teatro les permite expresarse, perder el miedo y ganar seguridad desde pequeños.

Amanda Rábago Menchaca, de 7 años, lo dice sin rodeos: “He aprendido a cantar sin pena”. Su preparación ocurre en casa, con su familia, repasando el libreto, cantando.

Ofelia Ruiz Castillo, de 9 años, lo vive desde el disfrute: su parte favorita es su canción, y lo que más le gusta es bailar.

Mateo Gadiel Almanza Valerio, de 13 años, mira más lejos: sueña con llegar a escenarios en Ciudad de México o incluso Broadway. “Siempre me felicitan y me dicen que canto muy bien”, cuenta.

Gerardo Daniel Hernández, de 14 años, tiene claro el consejo: “Que le echen ganas... esto también sirve para divertirse”.

$!Cada niño enfrenta el escenario a su manera: entre nervios, emoción y descubrimiento.

Aprender a sostenerse

Para Uriel Rangel, director general, ahí está una de las claves: “Cada niño es diferente y los procesos tienen que ser casi individuales”. No se trata solo de talento, sino de acompañar lo que cada uno trae. “Hay quienes son introvertidos... pero tienen cualidades”.

En ese proceso, el error no se evita, se aprende. “El error, la frustración y los nervios son parte de la vida”, explica, y el teatro les da herramientas para enfrentarlos.

$!Más de 50 niños participaron en el montaje, construido a lo largo de seis meses.

Humberto Casas coincide: más allá del resultado, lo importante es el crecimiento. “Verlos llegar con miedo... y después dar función frente a más de mil personas nos llena de emoción”.

Ese acompañamiento también ocurre fuera del escenario. Ambos directores subrayan el papel de los padres, quienes sostienen el proceso día a día.

$!Entre canciones y coreografías, los niños construyen confianza y trabajo en equipo.

El resultado no siempre es perfecto, pero sí auténtico. En una función, recuerda Casas, falló la pista de una canción. Los niños no se detuvieron. Cantaron a capela mientras el público seguía. “Fue muy mágico”.

Para los directores, más allá del montaje, lo importante es lo que se queda. “El arte... nos permite ser sensibles a nuestra realidad”, dice Rangel. En un entorno dominado por pantallas, el teatro ofrece algo distinto: presencia, cuerpo, voz, juego. “Que se permitan jugar”, insiste. “Que volvamos a ser niños”. Porque al final, lo que ocurre en escena no es solo una función; es un proceso donde, entre canciones, pasos y errores, los niños descubren algo más que un papel: descubren de lo que son capaces.

$!El elenco infantil de “Mamma Mia!” reúne talento, disciplina y trabajo en equipo sobre el escenario.
Historias 360