EL RECIO LUCHA CANSADO

Para empezar es reciedumbre. “Recidumbre” no existe. Viene del latín Rigidus, pasado por diferentes lenguas ibéricas antiguas. Es pariente cercano de recio,  de rigor y de reacio. Tiene que ver, indiscutiblemente con una fuerza notable.

Es la capacidad de no capitular en la consecución del bien, de resistir el embate de la pereza, la desidia y el tedio. Es también la característica del que lucha cuando está cansado, del que pone buena cara ante el necio, y de quien lleva su carga (y un poquito más) sin gestos ni aspavientos.

Hay todo un grupo de personas que piensa que los jóvenes de hoy ya no son como antes y que ahora son más blandengues y enclenques. Son el grupo de personas que empieza a hablar diciendo “cuando yo era joven”, o “en mis tiempos”. Efectivamente, el paso del tiempo cambia las circunstancias, y los retos que tuvieron los padres o los abuelos no son los que tienen los hijos o los nietos.

Sin embargo, es un error desestimar la reciedumbre de los jóvenes como generalidad. Constan grandes esfuerzos por perseverar en la consecución de la excelencia académica, o deportiva. O consideremos la lucha por la  puntualidad cuando se atraviesan distancias arrolladoras para llegar a la escuela. Otro ejemplo notable es la cantidad de alumnos que perseveran en sus estudios en tiempos de cuarentena. Los que siguen practicando el instrumento, los que añoran salir a jugar con los amigos y no lo hacen.

Los muchachos que dicen que no ante embates y chantajes embebidos en nuestra sociedad, son más fuertes de lo que piensan muchos. Los que aprovechan el tiempo y se alejan de los vicios. No vale desestimar esas luchas por descartar tentaciones cuando se comparan con las luchas por conseguir bienes. Podríamos decir que tanto vale el esfuerzo por no distraerse como el esfuerzo por estudiar.

Estos son ejemplos de fuerza notable. Los que entregan todas sus tareas, toma todos los apuntes, estudia para todos los exámenes -aunque sean a distancia-. El que se baña y se viste según su horario, aunque hoy no haya que ir a clases o al trabajo. El que corre y lucha por todos los balones, todo el partido. El que está viviendo en el momento presente y poniendo empeño en la tarea en mano, en vez de deleitarse en el recuerdo o divagar con el futuro.

También hay quienes se rompe por nada y a la primera. No son pocos pero no llegan a muchos. Están bañados en privilegio sin ninguna exigencia concreta, esperando el favor de la vida como si este llegara por tradición familiar. Son  aquellos cuyos padres olvidaron o nunca aprendieron lo de la relación entre exigir y consentir. Los que no tuvieron ni un poquito de frío, ni un poquito de hambre, ni por asomo.

Formar la siguiente generación de personas recias es una tarea de toda la comunidad educativa. Empieza con el corazón y la cabeza propios: de los papás y de los docentes. Porque formar en reciedumbre exige dar ejemplo. No exige perfección, pero si lucha y avance. Para el profesor cuidar los detalles y desarrollar las virtudes que más necesitamos con espíritu deportivo. Para los padres de familia será otro tanto de lo mismo. Ir por delante, firmes y fuertes, en las duras y en las maduras.

Estos tiempos de cambio son oportunidades para forjar reciedumbre en nuestros hijos, forjándola en nosotros mismos primero.

Jesús Santos
Jesús Santos

Educador con amplia experiencia en la formación de padres de familia, docentes y alumnos. Especialista en personas. Intenta todos los días educar en libertad. Regio de origen. Actualmente dirige el North Hill Education System en el norte de la ciudad. Papá de 4, esposo de una para toda la vida.

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