APOYO Y BALANCE, VIVIR CON DIABETES TIPO 1

Ana Gloria García Solís es una joven que vive con diabetes y debe enfrentarse a la desinformación de la sociedad.

Por: Carolina García

Fotos: Luis Castrejón

Las personas que viven con diabetes tipo 1 deben enfrentarse a la discriminación causada por la desinformación y a los elevados costos de sus tratamientos, pero mantienen su actitud positiva con un estilo de vida sano y equilibrado.

Así es el caso de Ana Gloria García Solís y sus amigos, quienes desde la infancia y la adolescencia tuvieron que modificar sus hábitos para vivir plenamente a pesar de la enfermedad.

La joven, estudiante de universidad, ha disfrutado hacer ejercicio toda su vida. Va una hora al gimnasio cinco días a la semana para hacer cardio, pesas, spinning y TRX.

Sin embargo, si un día se ejercita demasiado le puede bajar el azúcar, lo que le provoca mareos o incluso puede derivar en un desmayo. Por eso, debe monitorear sus niveles de azúcar entre sus rutinas.

Ana Gloria García Solís es una joven que vive con diabetes y debe enfrentarse a la desinformación de la sociedad.

Ana Gloria tenía ocho años cuando comenzaron los síntomas: sed excesiva, necesidad constante de orinar, vómito y aliento afrutado. Los doctores no encontraban diagnóstico, hasta que midieron su glucosa, casi llegaba a mil.

“Estuve en cuidados intensivos durante un día completo y luego ya salgo, una semana en el hospital haciéndome varios estudios.

“Pensaban que iba a caer en coma por mis altos niveles de azúcar, pero no fue así, estuve siempre consciente. Después de ahí ya cambió mi vida por completo”, explicó García Solís.

Contrario a la diabetes tipo 2, la tipo 1 se debe a la genética, porque el sistema inmunológico ataca al páncreas. Según la Secretaría de Salud hay 400 mil casos registrados en México.

La edad promedio en la que se detecta la enfermedad es de 13.5 años. El 60 por ciento de los casos son mujeres y el 40 por ciento son hombres, según el Registro Nacional de Pacientes con Diabetes tipo 1 del grupo Renaced.

El doctor Artemio Velasco Morales, endocrinólogo pediatra, da seguimiento a su tratamiento. Ella debe inyectarse insulina todos lo días a través de una microinfusora.

Para determinar las dosis debe monitorear sus niveles de glucosa dos horas antes de cada comida, cuando se siente mal y antes de hacer actividad física. También lleva una dieta balanceada y asiste cada tres meses a chequeos médicos.

Tanto ella como sus amigos aprendieron a utilizar y colocar la microinfusora. Preparan su piel, lo insertan con ayuda de una aguja que posteriormente retiran. La insulina llega a su cuerpo a través de un catéter.

Ana Gloria García Solís es una joven que vive con diabetes y debe enfrentarse a la desinformación de la sociedad.

Cada cuatro o cinco días deben cambiar de lugar el insertador: en el vientre, piernas u hombros. A veces deja una cicatriz.

“Es un beneficio que nosotros tenemos, no toda la gente que tienen diabetes lo tiene. Lo tenemos conectado siempre, a menos que nos metamos a la alberca o a la hora de bañarte.

“Incluso a veces al hacer ejercicio te lo puedes desconectar un rato, pero no puedes durar más de dos horas sin él”, explicó Ana Gloria.

La microinfusora no está al alcance de todos los pacientes, pues tiene un costo de 150 o 180 mil pesos. Los frascos con insulina cuestan entre mil y mil 300 pesos, más los consumibles, aguja y catéter, que se reemplazan cada tres meses.

“A mí, gracias a Dios, tenía un seguro antes de ser diagnosticada, porque si eres diagnosticada con diabetes y luego quieres sacar un seguro privado, no. Como es demasiado caro, no te dejan”, señaló.

Igual de importante que las inyecciones de insulina es el control de la alimentación y el ejercicio. Cada cuerpo es diferente, por eso necesitan una dieta personalizada de un nutriólogo.

La joven tiene alimentos prohibidos, como el pan de dulce y el plátano, y debe contar cuidadosamente los carbohidratos de todo lo que come.

La gente piensa que el azúcar está prohibida para los diabéticos, cuando en realidad son los carbohidratos lo que deben medirse para determinar sus dosis. Cualquier bocado cuenta, no puede comer de más o de menos, ni entre comidas.

Además, hay otros factores que afectan sus niveles, como el estrés, las preocupaciones o el exceso de ejercicio. Allí están los riesgos, pues si el azúcar baja mucho puede sentir mareos, desmayos o incluso entrar en coma.

“La gente piensa que es más peligroso estar alta del azúcar, cuando estás alta es porque comiste algo y no te pusiste la suficiente insulina. Entonces, pues lo que debes de hacer es ponerte más insulina que es lo que tu cuerpo no produce”, explicó.

No mantener este equilibrio puede causar, a largo plazo, problemas de cicatrización, pie diabético o glaucoma. La diabetes no es sinónimo de muerte o complicaciones, pero debe detectarse a tiempo y controlarse.

Ana Gloria lucha por llevar una vida normal y así lo ha hecho por estos 11 años. Ha logrado las metas que se ha propuesto, tanto personales como académicas, pero le ha sido difícil adaptarse al estilo de vida y, sobre todo, a la sociedad.

“Lo que más nos llega a afectar es lo que la gente dice porque está desinformada. Yo creo que ésa es la limitante, pero yo creo que he llevado una vida totalmente normal y pues sí, que puedes hacer todo lo que tú quieras”, apuntó.

La desinformación es el mayor reto que enfrentan Ana Gloria y sus amigos. Todos debieron enfrentar burlas, prejuicios, críticas o incluso discriminación.

Les han dicho que si tienen diabetes van a morir, que se enfermaron por un susto o porque llevaban malos hábitos, que es contagiosa o que no pueden hacer deporte. Incluso les es más difícil conseguir un trabajo al informar de su padecimiento.

Ana Gloria ha tenido problemas en los aeropuertos, pues no la dejan pasar con su microinfusora. La han hecho pasar por el detector de drogas y le cuestionan por qué viaja con medicamentos y jeringas, a pesar de traer una carta de su doctor.

Incluso le han criticado su deseo de tener hijos.

“La gente también piensa que si la mamá, el papá tiene diabetes el hijo va a salir con diabetes y no. No es regla. Es muy poco el porcentaje pero pues claro debe ser muy planeado”, explicó.

La diabetes no es su carta de presentación. Cuando conoce a una persona, suele esperar un tiempo antes de mencionar su enfermedad, porque la pueden juzgar o criticar.

Cuando recibió su diagnóstico, Ana Gloria se sintió la única niña con diabetes en Saltillo, en Coahuila y en el mundo. Pero con el tiempo conoció a más personas a través de su médico.

El doctor Velasco Morales considera que los pacientes diagnosticados con diabetes deben acercarse a otras familias y niños que viven la misma situación. Este contacto les permite hablar sobre la enfermedad, expresar sus miedos y recibir apoyo.

“Yo voy a casa de Mariana un día y luego otro día voy a casa de Víctor para decirles: así como yo tengo, sí se puede.

“Ellos también fueron un apoyo para mí y yo fui un apoyo para ellos y desde ahí hemos sido grandes amigos”, recordó.

Tanto Ana Gloria como sus amigos se sienten agradecidos por el apoyo, tanto médico como personal, que les brinda el doctor Velasco Morales.

Su familia también es un pilar del que se sostiene. Su madre, su padre, su hermana, sus tíos y abuelos, todos han modificado su estilo de vida para adaptarse al suyo. También desmienten mitos sobre la diabetes cada vez que escuchan algún comentario.

“Tengo amigas también que me han apoyado mucho, les importa y se informan de la diabetes. Saben también cómo se checa, saben cuál es mi estilo de vida y se ponen como en mis zapatos”, expresó.

Ella quiere dar su testimonio para ayudar a otras personas y para combatir la desinformación que hay alrededor de la diabetes tipo 1.

“Uno ha sentido como ese poquito de discriminación, poquito de crítica, rechazo. Entonces dices: no quiero que le pase a alguien más.

“A otro niño que esté siendo ahorita diagnosticado, a otra familia que se la está pasando un poquito mal porque piensa que es la única familia en el mundo”, afirmó.

Ana Gloria actualmente estudia derecho y desea incorporarse al ámbito corporativo, formar una familia y seguir informando a más personas sobre cómo es vivir con diabetes.

Víctor Arturo Arce Ordaz, 19 años

“La diabetes es una enfermedad, que la padecemos la mayoría de las veces por genética. No es algo muy difícil de tratar, es simplemente tratar de vivir una vida sana con dieta y lo que yo siempre he pensado es vivir como cualquier otra persona, pero sí estando muy consciente de todo lo que es la alimentación y el ejercicio”.

Ana Gloria García Solís es una joven que vive con diabetes y debe enfrentarse a la desinformación de la sociedad.

Mariana Carrillo Aguirre, 20 años

“Al principio la verdad no lo tomé muy bien. Me dio muy chiquita, como a los 14 años. Entonces, fue un golpe muy duro para mí y ya conforme a los años, conforme conocí a estas personas que también tienen este padecimiento pues me di cuenta que pues la diabetes forma parte de mí y tengo que amarme a mí por completo y amar todo lo que hago y todo lo que está conmigo. Sé que si lo tomo de una manera positiva siempre voy a estar controlada y siempre voy a estar bien con mi salud”.

Ana Gloria García Solís es una joven que vive con diabetes y debe enfrentarse a la desinformación de la sociedad.

Alejandro González Berlanga, 24 años

“La verdad ayuda mucho tu familia, principalmente que tu familia te apoye con los alimentos, a mí mi mamá me ayuda preparándome mis dietas, cuidando que no haya en la comida tantas cosas con azúcar. Pero yo creo que el principal apoyo tiene que ser de ti mismo, de que simplemente en el ambiente vas a encontrar de todo. Vas a encontrar papas, dulces, vas a encontrar lo que tú quieras comer. Ya depende de ti si te lo comes, si no te inyectas, si te importa o no te importa tu enfermedad”.

Ana Gloria García Solís es una joven que vive con diabetes y debe enfrentarse a la desinformación de la sociedad.

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Doctor Artemio Velasco Morales

Endocrinólogo pediatra

Centro Hospitalario la Concepción

Torre Médica de Especialidades II

Consultorio 45

Dirección: Venustiano Carranza #4036, Colonia Virreyes Residencial

Teléfono: 4 16 16 30

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Carolina García

Nació en Saltillo, Coahuila en 1995. Ama la lectura y narrar historias. Es licenciada en comunicación por la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila. Participó en las antologías de cuento: “Imaginaria” (2015), “Los nombres del mundo: Nuevos narradores saltillenses” (2016) y “Mínima: Antología de microficción” (2018).

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