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La comida fresca de la primavera ½

 ¿Qué cocinar, qué comer que se antoje y sea fresco y liviano, pero sin sacrificar sabor en el paladar?

 Poco a poco, el calor aprieta. Saltillo ya no es aquella ciudad de clima por siempre templado, la ciudad del clima ideal de nuestros padres y abuelos. Hoy es necesario no sólo abanicarse en las tardes agobiantes, sino de plano, comprar un minisplint de una tonelada y tenerlo encendido en nuestra recámara para mitigar la ola de sopor y así poder dormir a gusto y placenteramente, como antes era nuestra ciudad toda y sin clima artificial. Poco a poco, el calor aprieta en el calendario y estruja porque es mayo y mayo usted lo sabe, por lo general es más mortal que junio o julio. El calor de mayo entonces, no es primaveral, sino auténtico verano. Verano que aquí en el desierto hace ver visiones. El calor obliga a salir a la calle y el disfrutar de la vida y de los sentidos. Aunque en mi caso, usted lo sabe estimado lector, prefiero los días grises y melancólicos de otoño e invierno, el estar en actitud de rasposo, disfrutar de un buen libro y la calidez del hogar. Hoy, el calor está afuera y no adentro.

Es menester entonces, descubrir propuestas frescas y livianas de alimentos para esta temporada que se avecina con un sol jurado en su cenit y el sudor escurriendo en los cuerpos. ¿Qué cocinar, qué comer que se antoje y sea fresco y liviano, pero sin sacrificar sabor en el paladar? Emily Dickinson, esa poetisa norteamericana ya venerada como una santa, dijo de esta estación: “Ver el cielo del verano es poesía, aunque nunca se encuentra en un libro. Los verdaderos poemas siempre se escapan.” Sin duda, la poetisa que pergeñó toda su obra literaria robándole tiempo a la costura y casi toda su vida en las cuatro paredes de su recámara, habla de aquello que sabemos: la poesía es lo abstracto, lo inasible; el poema es lo concreto, la materia que se lee. Aunque, la poesía es ese hálito que todo lo rodea.

Y poesía claro que la encontramos en un buen platillo, en un buen vino de nuestra elección y en la sabia y animada tertulia que ahora y por el calor, obliga estar al aire libre o en solariega terraza norteña. ¿Fresco y nutritivo sin perder hondura en el sabor? Eso llamado “Macedonia de frutas” la cual usted la encuentra en varios restaurantes urbanos pero le puede agregar un plus: dos o tres bolas de nieve de su elección o bien, una buena crema con nuevos frutos pequeños encima (frambuesa, cerezas, rodajas de plátano…). Seguimos con lo fresco y saludable: no hay nada mejor para la temporada como la “Ensalada mediterránea.” En mi tierra adoptiva, Zacatecas, y en su restaurante italiano, “La Traviatta”, ofrecen un gran platón de rechupete. A su pasta fría favorita (pasta corta, de preferencia) agregue usted hartos vegetales, queso de cabra y pida en su restaurante una vinagreta especial para rociarla. Sin duda, el calor es más llevadero con esta ensalada clásica.

En esta parte del mundo, en este vasto y hermoso desierto, el sol es protagonista en la primavera y el verano. “Con el sol y el gran estallido de hojas brotando en los árboles, igual que crecen las cosas a cámara rápida en las películas, volví a tener aquella convicción familiar de que la vida comenzaba con el verano.” Palabras, fragmento poderoso de mi escritor de cabecera, el siempre bello y maldito Francis Scott Fitzgerald. Aquí no podemos estar “desnudos junto al mar”, como lo escribió el poeta Francisco Brines, pero si podemos estar apoltronados en una buena mesa y tomando de nuestra caguama bien fría: a grandes males y olas de calor, grandes remedios de comida y bebida señor lector.

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